The Ikea curse

He dormido hoy en mi nueva cama. Colchón duro. Olor de telas limpias recién estrenadas. «Sin ti, mi cama es ancha…» es el verso (¿de Serrat cantando a Machado? may be) que se me sube a la mente cuando echo de menos un calorcillo acurrucado a mi lado.

Odio los muebles de Ikea con la misma intensidad con que los compro; pero con posterioridad, esto es: mientras los monto.

Adquirir en Ikea los muebles quiere decir: que te conformas con el diseño que gusta a muchos. Que el presupuesto es limitado. Que dispones de tiempo para montar los dichos(-os) muebles o que, sin disponer de él, no lo(/te) valoras suficientemente como para decirte «Ojo, chato, que te vas a pasar tres tardes antes de poder estirarte a descansar en esta cama…»

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