Lost Territory

Se pierden territorios como amigos caídos en las hojas del calendario, en los e-mails sin contestar, en las llamadas torpes e inoportunas que, zafiamente, concluyen lo que no debiera haber concluido. Y uno los recuerda con nostalgia de veterano.

Y con armas de veterano, con otra mirada, con otros pasos (más seguros, más expertos; menos excitados, menos jóvenes) recorre de nuevo las sendas, los senderos, las trochas conejeras, los caminos entre paradas, los bancales, los barrancos, el yermo secano que en aquellos días, in illo tempore, me harté de recorrer. Y nuevos horizontes desfilan ante uno; nuevos son, aunque las líneas recuerden vagamente aquellas otras líneas de antaño. Y son nuevos los colores (sienas, ocres, amarillos, rubescentes malvas del sol a poniente…) y nuevas las evocaciones del pan de mur jaune.

Y sólo los miedos, encallecidos bajo la piel, como una duricia, como un quiste, siguen presentes, igual de libres, sí, pero igual de espesos también. Pesan como testículos cargados los miedos libres que uno no puede renunciar a cargar, vaya donde vaya.

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