Lust territory

Lúbrico territorio el mío, delimitado por la piel, con escasos vados (los ojos, los genitales, la piel, los oídos…). Vasto territorio de un metro ochenta y 90 kilos (y pico) en canal; basto territorio de carne trémula, olorosa, velluda, tibia, recubierta por piel, pelo y uñas, callosidades, arrugas.

Un enjambre de mariposas buscan la salida por donde no la hay (testículos, ombligo, rodilla). Un vencejo raja la verticalidad de mi espalda y traza un verso con el añil de su silbo; primavera. En la ganancia del río, revuelvo días al acecho de otros vuelos.

Deseo de deseos explorados, dejados atrás: la puerta se cierra detrás dejando la sala oscura donde tres hombres satisfacen la lujuria de una mujer. El desorden del orgasmo de dos parejas encerradas en una misma sala y con compases diferentes… Las manos recorren la curva sensible del violín. Si cierro los ojos se me inundan de fluidos, de deseos, de formas, de grititos albicelestes, de momentos posteriores, de soles rojos sobre el mar.

Enderezo el espinazo
y ciegamente avanzo
hacia resbaladizas ciénagas.

Haces de fuego guían mi ceguera:
hervor bajo la piel.
Zafio deseo.

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