Algiers

Argel. Algiers. Alger, y su bahía, sus barcas de pesca con nombres como Ibn Battuta o Imeneo. El discreto jardín botánico del Hotel Saint Georges donde me alojo, al cual bajo a pasearme por las mañanas, después de la ducha, a oler el color verde de las palmeras, a dejarme seducir por las matas de lavanda y las enredaderas de jazmines. Y el sol limpio de esta ciudad abierta y asomada al mar.

Argel, los baños de Cervantes, velado trauma que recorre su obra.

Algiers, la presencia de Eisenhower, que en Noviembre de 1942 se alojó en la habitación 1110 de este hotel, mientras dirigía las operaciones del ejército expedicionario del Norte de África y acorralaba a Rommel desde atrás, mientras Monty le embestía desde el Cairo hasta que le echaron al mar en Túnez.

Alger, la ciudad francesa de edificios burgueses pintados de blanco con contraventanas azules, todas azules y bonitas. Parece mentira que esta fuera una ciudad francesa a la par que Montélimar, Cannes, Marseille o Toulon.

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