Assaig de càntic en el temple

Paso el día alargando pasos por las calles de Vilnius. Frío. El chaquetón ártico que uso en estas latitudes, los guantes, los pies helados y el tiempo gris de mis días de viajante.

Me recluyo en los templos de esta capital, como hace dos días entré en los templos que hallé a mi paso por Tallin. Me gusta sentarme a oler las ceras que arden en los templos ortodoxos. Me maravillo en las iglesia de san Bernardo, cuartel y almacén durante décadas. Hay iglesias cerradas, en restauración: durante los años rojos las reconvirtieron en museos del ateísmo.

Hoy ya vuelo a casa.

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