La leñera

Interior de una leñera.

Esta foto trae recuerdos de algunos claroscuros de museo. Pienso en Goya, en su cuadro La Junta de Filipinas, por ejemplo: esa luz que entra desde los altos ventanales, marcando diagonales y perfilando las siluetas de los junteros.
Aquí la luz también alumbra desde un lateral, entra por la puerta y define el espacio. Una silla (de las que pueden encontrarse en muchos colegios) en primer término refleja la luz y marca un punto focal debajo del ventanuco de la pared, igualmente inundado de luz. A contraluz, una carretilla extravía sus líneas en la penumbra y un capazo de caucho, con su volumen particularmente bien definido por la luz y el contraste. Sobre las astillas esparcidas delante de la silla, una hachuela.

Frente a la puerta, contra la pared y en angulo recto respecto al chorro de luz que entra, unos listones, tablones y celosías sobrantes que esperan ser reaprovechadas o, tal vez, troceadas un día cuando falten los tronquitos que ocupan la base, en tres o cuatro alturas, de la pared frontal, bien dispuestos, detrás de la puerta y a todo lo ancho de la leñera.
Una serie de ecos se responden en esta foto: las cuadrículas en perspectivas desparejadas del embaldosado de barro cocido, tradicional tova catalana, cuya irregularidad y textura pone de relieve la luz rasante; la línea de fuga que marcan los ladrillos apenas encalados de ambas paredes laterales; la mancha de luz vertical de la puerta contrastando con un tubo negro junto a la pared izquierda, en la esquina diagonalmente opuesta a la entrada. La sombra de un sarmiento en la luz de la puerta parece indicar el eje general de la luz entrando e iluminando el oscuro cubículo.
El paralelípedo de la planta definido por las tres paredes se apoya con el triángulo cuyo vértice es la embocadura del capazo, que, a su vez, es eco de la parte superior del tubo y de los cubos que apenas se ven en la esquina inferior derecha de la fotografía, con los tres óvalos alinéandose en un eje que contrasta con la entrada de luz y la verticalidad de los listones y que confiere al conjunto una fluidez visual notable.
Brillante también, a ambos lados del triángulo cuyo vértice es el capazo, el contraste entre lo vacío (a la derecha: sólo el embaldosado) y lo lleno (a la izquierda: la penumbra confusa de líneas, de volúmenes mal definidos, de la carretilla enfangada en la falta de profundidad que no tiene por falta de contraluz que la defina).

[Fotografía de Carolina Blanc]
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