¿Cómo puede la poesía ser un arma contra la barbarie?

[Con motivo de lo ocurrido en Gaza, me piden los amigos de Radio Diane unas palabras para publicitar Poesía contra la barbarie. Se emitirá mañana viernes, de seis a siete, por la emisora de radio de Burjassot, Valencia.]

¿Puede escribirse poesía después de Auschwitz? La pregunta no es nueva. ¿Puede uno cantar sabiendo lo que ha pasado en Srebrenica, en Darfur, en Gaza? ¿Puede uno seguir rimando versos con el estrépito de las armas de fondo, entre llantos? ¿Es el fósforo blanco con el que arde Gaza blanco como las espumas del mar? ¿Son gráciles las estelas que dejan los misiles Qassam en el cielo azul del Levante? ¿Es una pechera reventada y manchada de sangre un campo de rubíes?
Tiende uno a veces a regolfarse en la impotencia. Y quizás nos gustaría fundirnos a negro en el Nocturno que escribiera Alberti en funestos días de nuestro pasado:

NOCTURNO

Y frente a la continua exposición de imágenes brutas, con su correspondiente carga mediática, su impacto visual y fácil, además de efectivo, es cuando uno suele preguntarse si de veras la poesía, el Arte en general, puede alzarse frente a la barbarie, puede ser un arma para combatirla.

No solamente puede. Recordemos cómo en el pasado ha sabido erguirse el hombre, aúpado en versos, contra la opresión, y la ha combatido y en ocasiones incluso la ha vencido. Recordemos a nuestro Miguel Hernández. Recordemos a Celaya, a los poetas de la post-guerra en España. Y allende el Pirineo, pasada también la raya de los siglos, remontémonos a los románticos alemanes, a los italianos del XIX o, en otras Artes, a los pintores de la Revolución Francesa.

No solamente puede erguirse. Es que debe; aquel que disfrute del don feliz de la palabra no puede callar, y debe darse al mundo como mejor sepa, y según los casos y las circunstancias de cada cual. Debe alzar la voz, el pincel, la cámara, la pluma… Y debe hablar, cincelar, escribir, pintar, filmar, cantar… En versos, en Arte, se fija la memoria y hay ocasiones que no debemos permitir que se escurran por los pudrideros del olvido. El Arte ha de ser, también, homenaje a quienes, agazapados y muertos de miedo, no pueden abrir la boca, o se mueren de hambre, o se arrodillan al alba junto a una fosa para que les revienten los sesos; por consciencia, el artista debe prestar sus ojos, su corazón y su voz a los sin-voz. Callar sería dilapidar el lujo de expresarse. Y porque, como dejara escrito Cervantes, “Las Letras sin virtud son perlas en el muladar”.

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