Thasunke Wirkó

En lakota, la lengua de los indios siux, esta expresión (Thasunke Witkó) quiere decir “Su caballo está loco”, pero los rostros pálidos de entonces lo tradujeron como Caballo-Loco, Crazy horse en inglés, y así quedó su nombre inscrito en la historia.

De él y de otros guerreros nos hablaba, hace años, en los patios del colegio, cuando llovía, un compañero de clase muy dado a lecturas y saberes de indios americanos. De indios, de cargas cornetiles de la caballería y sables desenfundados, de pelis que mirábamos las tardes de los sábados, de aventuras por las llanuras donde el viento peinaba el pasto de los búfalos, de carromatos incendiados colina abajo, de apacibles poblados, de vaqueros y sargentos recios como los árboles escasos del Medio Oeste del technicolor inmenso de los cines de entonces, de empololadas mujercitas blanquitas y cursis, de mujeres indígenas, hechas y coletudas, de masacres y batallas, tomahawks y silbos de mochuelo, algazúas y partidas de caza y desmanes en los saloons del Oeste… De todo ello hablábamos incansablemente, llenando, sin diez años, los ocios entre clase y clase. Y el compañero leído nos regalaba explicaciones históricas sobre el OK Corral, sobre la matanza de Sand Creek, sobre la Union Pacific, sobre las hazañas de Buffalo Bill y sus muchachos, y nos hablaba de la invención de los tejanos, cuando un austríaco empezó a recortarlos de las lonas de las carretas pioneras. De todo ello hablábamos, escuchábamos embobados al sabihondo (he sabido que, con el tiempo, se ha convertido en un hacha de las finanzas; me pregunto si en su despacho de la City habrá colgado un espanta-sueños de los que venden los peruanos que a veces orquestan sus disfraces en nuestras aceras).

Un regusto de todo aquello me quedó. En alguna estantería hallaría Enterrad mi corazón en Wounded Knee, que por aquel entonces o años después compré y leí y disfruté. Hacer el indio me ha parecido siempre de lo más sensato, así como bailar con los lobos o lucir pluma o relinchar de alegría. Y Ethan Edwards (interpretado mgistralmente por John Wayne en The Searchers –Centauros del desierto— de Houston) es un personaje que, aunque me resulta fascinante, no logro valorar. (Y a estas alturas me pregunto: ¿es necesario? Probablemente no.)

Gracias a Wikipedia, hoy complemento lo que sabía de la historia, y me entero de que además de gran guerrero, Caballo-Loco era un indio sentimental. El personaje gana puntos, crece solo.

Se cuenta que se enamoró de la Mujer-Búfalo-Negro, que por aquel entonces estaba casada con No-Agua (un tipo triste y apagado que bebía demasiado en malas compañías de rostros pálidos). Según las leyes lakotas, una mujer podía divorciarse simplemente cogiendo sus trastos y mudándose a otro tipi, cosa que Mujer-Búfalo-Negro hizo, instalándose en el de Caballo-Loco. Y fuéronse a cazar búfalos (me imagino paisajes idílicos en plan Brokeback Mountains…). No-Agua se enteró, les siguió y a tiros quiso resarcirse del disgusto. Una intervención providencial del primo de Caballo-Loco, de nombre Toca-Nubes, desvió la puntería de No-Agua, que hirió a nuestro guerrero en la mandíbula. El clan de Caballo-Loco persiguió al agresor. Y la trifulca zanjóse al fin con la intervención de los viejos de la tribu que multaron con tres caballos a No-Agua por el disparo y degradaron a Caballo-Loco de su título de Ogle Tanka Un (guerrero laureado).

Pero imagino que una vez recuperado de su herida poco le importó, porque siguió siendo un buen guerrero, y luchó en numerosas batallas contra los pioneros y las columnas de los casacas azules (estuvo en la batalla final de Custer, en Little Big Horn). Y siguió disfrutando con la mujer bruna, fuerte, de sonrisa pacífica que un día miró en derredor, constató otra vez qué poco le gustaba lo que tenía a su vera, hizo un hatillo con sus cosas y se mudó de tipi. No debió ser una decisión fácil. Pero lo hizo, porque era valiente y sabía escuchar a su corazón como sólo los indios saben hacerlo. Quiero creer que fue feliz con el hombre que amaba y que la amaba, pero de eso no queda constancia en las crónicas, no puedo asegurarlo. Pero lo imagino. Y sonrío.

Me gusta, me gusta mucho esta historia de amor entre Caballo-Loco y Mujer-Búfalo-Negro. Tanto que relincharía si supiera o supiese hacerlo.
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Nota: la foto con que ilustro este post es de otro guerrero lakota, Lobo-Solitario, porque no existe, que se sepa, ninguna fotografía de Caballo-Loco.

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Una respuesta a “Thasunke Wirkó

  1. Me dedico a la investigación de hechos históricos y éste me ha enriquecido un poco más mi visión de los amerindios y su lucha por defender sus derechos.

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