Fe de erratas avec mes humbles excuses, Sire

En el post anterior las prisas por publicar han atropellado al rigor, y la consecuencia ha sido una agraviante deshonra para el más protocolario y puntilloso de los escritores aludidos en él.

Sin quererlo, he degradado al título de Conde al ilustre ahijado de Luis XIV, el rey Sol, Louis Duque de Saint-Simon. Duque (y no Conde) a fuer de Grande de España y cronista inmenso del mundo de Versalles.

Decir inmenso es quedarse corto, en verdad, cuando sus Mémoires (disponibles asequiblemente, antologadas, en la edición que señalo en el vínculo anterior: ¡1.480 páginas!) ocupan ocho berrendos tomos, ocho, de la Bibliothèque de La Pléiade, y por ellas desfilan unos 7.854 personajes, de los cuales 1.260 están atentamente retratados, con esa finura sajadora, ese estilo suyo tan característico, podríamos decir que versallesco, por sus volutas sintácticas, su afilado léxico y, por encima de todo, su mirada incisiva que entresaca las verdades del monde de la corte más rica, más sofisticada y por aquel entonces en el más alto punto de su esplendor.

Llegué a él como se llega a Sófocles después de descubrir a Shakespeare, del mismo modo que se pierde uno en espesuras medievales tras el Grial cuando uno ha recorrido La Mancha a lomos de Cervantes, y de ahí a las novelas de caballerías y de ahí a los cantares…, o cuando uno remonta el vuelo con Gerión, del bracete de Dante y de Virgilio tras la lectura de Bajo el volcán. Esto es: sospechando que toda obra es un río que se nutre de afluentes, de escorrentías, de deshielos y arroyos que alimentan su fluir hasta hacerlo ser como es: un río que se abre paso por la geografía, a veces inhóspita, a veces llana, de la historia de la Literatura.

Toda obra literaria se inserta en una tradición.

Y fue tras recorrer los meandros de À la recherche du temps perdu del Señorito Proust que la intuición y la neurosis me impelieron a buscar de dónde había sacado el Señorito este caudal de tinta, esta morosidad de estilo, esta pasión disectiva, casi forense, con que observa y recrea el mundo de los salones parisinos. Del mismo Duque.

Y así, rindámonos y permitidme que presente excusas, con los honores que merece un Duque francés y Grande de España, al deslumbrante y Grande de las Letras que es Louis, Duque de Saint-Simon.

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