Stieg Larsson

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina duerme desde hace unos días en mi mesilla de noche. Es una compañía inquietante, además de explosiva. Y ahí está, luciendo su inminencia sin prisas por decisión mía, que no oso empezar a leerla.

La experiencia con el primer tomo de Millenium me empuja a demorar el día en que abriré el libro y me hundiré (naufragaré, lo sé) en su lectura.

Prefiero deleitarme en la anticipación del placer que sé me va a proporcionar la flaquita Lisbeth Salander. Y de esta forma, retardo el momento en que todo se haya acabado, cuando llegue a la última página.

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