Al huerto

Me la llevaré al huerto. Mañana a las nueve. No puede ser antes ni luego dispondremos de libertad.

Y quizás nos revolquemos sobre la paja recién segada. Y nos clavemos ramitas de tomillo u hojuelas de carrasca en la carne desnuda y deseosa con que nos desayunaremos, con que revertiremos mi ayuno de viajero y su hambre de mal-maridada.

Son muchos días sin. Y muchas las necesidades. Y la horchata tras la excursión en bici nos ha hecho coincidir en una terraza del paseo de la Estación. Un par de guiños, un par de frases secretas, un dedo que acaricia discretamente la manga de la blusa, su pie que remolonea junto al mío, debajo de la mesa, discretamente, como la cola de una gatita mimosa. Nos encontraremos. Nos podremos recoñocer de nuevo un rato y solazar. Y el sol nos bañará con su luminosidad de cuadro recién pintado.

A las nueve, pues, hemos quedado.

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