Música (II): Mariona Sagarra

Como ya señalábamos hace unos días, Mariona Sagarra ha tomado el teatrillo de La Puntual y lo llena de magia.

Con su característica voz cálida, Mariona una vez más nos conquista con un espectáculo de recursos modestos, aunque ingeniosos y felizmente aprovechados, en un local pequeño, recogido, íntimo y una enjundiosa combinación de artes: la magia y gracia de las marionetas y las sombras chinescas ideadas por Eugenio, las canciones de un repertorio que siempre en directo suena a recién estrenado, la música de una guitarra en pelotas (tocada por Raúl Costafreda, también trompetista ocasional) y el sabio disfrute de las nuevas tecnologías (el sampler) con el que Mariona añade voces y polifonías a la suya solista que, limpia y poderosa, modulada y sensible, invade el espacio, llena la sala, desnuda el alma y emociona con versos bien vestidos, con esa elegancia que la caracteriza. Y así poetas como Abelló, Gil de Biedma, Verdaguer, entre otros, se nos crecen como autores que alcanzan más lejos aún que en mera tinta sobre el papel blanco: la voz, el canto, las sombras chinescas y los versos (también las “citas sonoras”: en un momento del espectáculo, la voz de Rodoreda se aparece entrecomillada por una radio antigua, sembrando con su sabiduría lo que en seguida Mariona hace florecer en las inolvidables flores de esta autora), todo en uno y concertado para gozo y disfrute de la audiencia.

Y luego, junto a esta maestría clásica y poética, coexiste a lo largo de este espectáculo una parte vanguardista, de exploración: es una música radical que del vientre sube, del instinto, de la sangre, y que alcanza cotas que no son notas en el pentagrama. Y asiste uno pasmado a las posibilildades de una voz timbrada en su justa medida, al encanto de las melodías… a la libertad que se explaya y nos embruja y arrastra. Porque logra entregarnos su alma, logra también, esta cantante, que nos entreguemos a ella.

Y añádase el humor: en un espacio tan restringido como es La Puntual (teatrillo de diez banquetas y aforo limitado a 40 personas, no más), además de Arte, además de lirismo y buena música, Mariona consigue encajar con salero el humor del espectáculo. Lent, lent… corrent es también un ejercicio de humor, de frescor que en la canícula se agradece como agradecemos el haber podido ser testigos de la gestación de un disco venidero (¿quizás en octubre, Mariona?) que, como este espectáculo, no nos defraudará.

[Repito: hasta el dos de julio, en La Puntual, en el Barri de la Ribera, Barcelona.]

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