El mundo de maravilla

Vivo en una de las calles peatonales de mi pueblo. Mi casa (que fue verde) me socializa: estamos contribuyendo estos días a la decoración de la calle. Las familias llevan semanas pensando cómo plantar árboles de cartón-piedra, cómo colgar hojas de primavera y de otoño, por dónde pasará Hansel y Gretel, o dóndo pondremos a Pinocho, o l’skyline del Londres de la Mary Poppins… El maravilloso mundo de los cuentos infantiles será representado en los 80 metros de calle bajo un toldo azul pespunteado con la más bizarra y grande sopa de letras que jamás se ha visto.
Mientras escribo estas líneas oigo a los niños en la calle pedirse lápices y grapadoras, un martilleo ajusta una de las estatuas, una vecina reparte botellines de agua, otra busca en su tienda celo, el de más allá se acuerda que tiene unos taburetes que irán al pelo, y todo eso es un mundo que no es de maravilla, sino real de ciudadanos dando horas (¡a casi 40ºC!) para engalanar con colores y fantasía una calle que disfrutarán aquellos que nos visiten en los días de Festa Major que se nos vienen encima. Podrán pasar bajo el toldo que todo lo tiñe de azul. Y sonreír.
Si logramos eso, habrán valido la pena las mañas para dar con el color exacto de las medias de la bruja, habrá sido útil el hervidero de opiniones relativas al mejor modo de extender la lona a lo largo de la calle, serán buenas las horas recortando en paneles de contrachapado a los siete enanitos, y las polémicas junto al camión según iban tensándose los cables y la mejor manera de atarlo todo habrán sido olvidadas; quedará la incertidumbre de si lloverá o no, porque una tormenta desbarataría colorines por la calle y dejaría llenas de jirones las paredes; quedará saber si logramos una decoración que consiga más admiración que la calle adyacente que también está siendo decorada por otros vecinos. Habrán valido la pena las carreras y las ideas de última hora, los ratos de risas en lo alto de una escalera atando y desatando cables y cuerdas. Y el manco, el calvo, la peliroja, la morena, el flaco, el gordo, el joven, el cuñado, la novia, los hijos, la visita inesperada… todos habremos contribuido, cada uno según sus posibilidades, al éxito del mundo de maravilla.
Y al cabo, la maravilla habrá sido la simple contemplación de algo que hemos hecho con las manos, algo que podemos mostrar y de lo cual podemos decir: “Esto lo he hecho yo”.
Y es que al cabo, sólo tenemos, en este breve espacio de tiempo que pasamos vivos, sonrisas para regalar.
Por lo tanto, ya sabeis:
Esteu convidats: veniu a gaudir de la meravella. Veniu a somriure. Que son quatre dies, i tres ens plou. (Encara que la previsió meteorològica d’aquests dies només parla de bonança: la bonança i la calor d’aquests dies meravellosos…)
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