De bajón

Tras unos días de escritura febril y copiosa, hoy me hundo un tanto esquivo, hasta la cintura, en el blanco inmaculado de la página por estrenar.

La mañana (desde ayer, desde hace tres días lo presentía) se me cruza con un presagio de disgusto a lomos del buenos-días con que me saludan los vecinos. Sonrío sin alma, y paso quedo.

No me queda hoy el recurso a la lectura compulsiva donde disolverme y huirme de mí mismo. No dispongo de bañera donde sumergirme, ni es tan frío el día como para encender la calefacción y arrellanarme en la holganza de una mantita, un rooibos, un dulce pasar el día picoteando versos, u hojeando catálogos de pintura.

Miro los libros por leer y concluyo que hoy no me apetece abrirlos. Que huelguen por un día, no pasará nada. No abro el correo electrónico. No abro el buzón. No conecto el teléfono.Si no estoy yo para mí, ¿por qué habría estar para otros?

Saldré a pasear. Tal vez me encuentre.

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