Me voy al paro con paso firme y decidido

Ya soy uno más. Uno entre tantos. Angustia, desconcierto, pero también el contento de una sonrisa que sabe donde va; incertidumbre, coraje, ganas de más, ganas de menos, de concederme un respiro, ganas de poder pagar lo que debo, ganas de ser aún más pobre para no tener nada que deber. Silencio y gritos. Todo en uno, batiburrillo que se mezcla en desarreglos intestinales, en versos confusos, cuentas de gastos de última hora, palabras a medias dichas, adioses endebles como el papel de fumar. Humo.

Desde el año 94 he trabajado para la muy industriosa exportación catalana. He recorrido el Golfo Pérsico, las Arabias, el Caúcaso, los Balcanes, el Maghreb, buena parte de Europa, de Cádiz hasta Moscú y Oslo, de Lisboa hasta Almaty, incluso llegué hasta Amérca Central. Todo lo viví; de todo me cansé. Me cansé sobre todo de conocer a personas cuyo interés en mí radicaba exclusivamente en las tarifas que podía negociar. Harto de tratar con cosas: pesadas válvulas industrales grandes como un motor de coche, cachitos de latón cromado para dar de beber al sediento, tubitos de goma, y más grifos, y últimamente sistemas de control de parking y parquímetros de esos que dan rabia cuando los tienes que usar.

Así que por un tiempo voy a estar parado (y mudo también, pues hoy entrego el lap-top, y el teléfono móvil al que nunca nadie llama).

Se siente uno libre, descargado (I’ve been discharged, ¿verdad?). Pero ahora la sensación más potente es el acojone. El miedo a la Libertad. El miedo a no tener nada más que hacer que estar conmigo mismo y aprender a convivir conmigo, después de tantísimo tiempo huyendo. El miedo a los retos, a las dificultades, a las renuncias que las circunstancias me impondrán forzosamente. Miedos más libres aún, si cabe, y encerrados en las cuatro paredes de mi cráneo.

Por delante tengo un proyecto que me ilusiona. Por delante tengo la responsabilidad de unas hijas y su mantenimiento, y un coro de voces amigas. Por delante tengo el trapo rojo de la Libertad y de la responsabilidad de mí mismo. Glups, trago saliva, y embisto.

A pesar de los terrores, de las angustias, sé que estoy donde quería estar. Ahora, pues, me limitaré a ser, y al toro!

Alea Jacta Est.

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