Del aburrimiento como motor de la observación directa y aguda

Disponía hasta ayer de la History of my life de Giaccomo Casanova, en la edición de Penguin Classics, en un tomo, extractada, en inglés. Fue comprada en su ciudad natal, Venecia, y devorada ahí mismo. De eso hará un par de años.

Antes de ayer me prestó el Coronel Sander los tres tomos (¡tomazos!) editados por Robert Laffont en su colección (de joyas) Bouquins. Esta edición es importante porque es integral, se basa en los documentos que a la muerte de Casanova se hallaron en el castillo de Dux (Bohemia), donde residió al final de sus días y escribió la mayor parte de los tomos, y es la primera edición popular que se publica desde el original, esto es: en francés.

G. Casanova recorrió el siglo XVIII y toda Europa a lomos de su donaire, en fuga de sus desmanes y hablando francés por doquier. Cuando vióse contratado de bibliotecario en Dux por uno de sus nobles amigos y rodeado de lacayos que sólo hablaban checo y chapurreaban alemán, se encerró a escribir sus memorias. Y lo hizo en francés. Así lo declara en el prefacio: J’ai écrit en français, et non pas en italien parce que la langue française est plus répandue que la mienne. Mas luego el manuscrito fue traducido al alemán, y publicado con numerosas enmiendas y erratas, con censuras, con cortes y desórdenes que, a pesar del empeño puesto en desvirtuar el texto original y las memorias del más famoso de los libertinos, copó fama y se vendió bien. Se tradujo. Se difundió. Y varias guerras impidieron que el trabajo (ingente) de poner orden a los originales, de editar (proprement, pulidamente) el texto, se llevara a cabo hasta recientemente (1993).

Anoche me metí en la cama con él. Me gustó. Hay un eco añejo a Duc de Saint-Simon (quizás por la verbosidad, por la extensión descomunal de ambas memorias, por la pasión por contar (por contar bien y detalladamente) y por el francés atildado de estos dos autores, o simplemente de aquellos años, o quizás sólo porque a ambos los he leído en estos tomazos de la colección Bouquins de Robert Laffont).

En tiempos de tribulación, de miedos porvenires, me tiro a la lectura morosa de los avatares de este italiano que sedujo a princesas tanto como a maritornes, que platicó con gracia en Dresde, Barcelona, Roma o Riga, que se escribió con ilustrados y déspotas, que conturtelió con todos, dio lustre a los salones más elegantes y se fugó de los calabozos más lóbregos, que se tiró a las más brillantes, y fue engañado por las más pillas, y que todo lo cuenta con gracia para solaz del lector; ¿y todo ello? No sé aún muy bien con qué intención.

Quien ha seducido al mundo con su presencia, con sus maneras, sus saberes y estares, y que además ha disfrutado de todas las condiciones y estados, sin arredrarse en los contratiempos ni amilanarse ante los retos, aprovechando con rapaz oportunidad las ocasiones… ¿qué necesidad tiene de ir contándolo todo?

Se aburría. Allà en Bohemia, aislado, aquejado por los quebrantos de la edad, Casanova se aburría: ayant besoin de m’occuper, et de rire, según declara en el prefacio, se puso a recordar en renglones apretados sus muchas aventuras. Y tiró de si mismo para dar contenido al relato, siguiendo acaso aquel precepto que Montaigne en su día dejara escrito: “Je suis moy mesme la matière de mon livre“. Y se ve el lector arrastrado por caminos, por posadas, palacios, presidios, estepas, mares… en pos de la siguiente aventura, pues fueron muchas (y picantes las más, para regocijo de un rijoso como yo). Y el aburrimiento de uno se torna entretenimiento del otro, que, al acabar el día, se desnuda, se tiende en la cama y lee hasta no poder más.

Y creo que la razón por la cual nos interesa, nos puede interesar el relato de la vida de este gentilhombre es porque básicamente retrata el cotidiano devenir de una persona y su mundo, sus malandanzas y accidentes, sus necesidades y enfermedades… y todo ello observado desde la primera persona y desde la distancia que el tiempo ha impuesto. Igual que nos interesan algunos blogs, nos interesan estas memorias (y muchas otras): son el yo explicándose, defendiéndose del mundo en rededor. Y pueden haber pasado muchos años, y no importará: son libros que duran: apuntaba Pla (OO.CC, Tomo 35, pàg 26): “En literatura només hi ha dues classes de llibres: els que tenen per base l’observació de la realitat en general i de la realitat humana en particular i els llibres d’imaginació, que són les novel·les i una gran part de la poesia. Els llibres d’observació directa i aguda de la realitat són els que duren més.

Este es uno de estos libros que duran: un libro de observación directa y aguda de la realidad.

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