Versos para el frío del día de después

Entre la muerte y la agonía
se me escurren los platos del fregadero,
se apaga la luz del día
y me cuesta dudar entre el sofá y el viento.
Por la ventana veo correr un jabalí
cuando vuelvo de madrugada
muerto, perdido, ebrio y tilín.

La silla me mira y no entiende,
cuando tropieza con los anacolutos de mi agenda;
ni me entienden los mendrugos
con que doy de comer a las walkirias.
Indeciso, liado, confuso, temeroso
del dos, y del tres y de todos los números
que nunca me apreciaron, soy incapaz
de sentarme en el sofá
de la vida conyugal.
Tilán.

Aturdido por el campanario de bronce
con que llamamos a muertos,
devano los días con los vientos,
con las marejadas de la sierra,
del golfo arábigo y la meseta,
y del lío tremendo de mis dudas
sólo quedan migajas de ternura,
palabras en un vidrio, besos de goma.
Tilán.

Sólo me quedan los vericuetos
del tiempo en mis versos,
y los papeles en blanco,
entre la muerte y la agonía,
con su estepa terrible y vacía,
blancura insondable del canto.
Y en el fregadero de la cocina
me esperan rotos los platos
sucios de ripios y fantasías.
Tilón.

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