Versos para el frío del día de después

Esta noche extenderé los brazos sobre la cama,
y sólo hallaré su olor, su forma, el yerto recuerdo
que se ha quedado como pegado a las sábanas,
dejando huecos donde, hace unas horas, besé su cuerpo.

Esta noche, llenaré mi insomnio de cal y canto,
de imágenes en blanco y negro, meros fragmentos
de memoria tendidos como telarañas por el cuarto,
desgastados pedazos, frágil memoria, filamentos.

Y apagaré la luz, y en la penumbra chata
de la noche sin tic-tac ni piel a mano ni deseo
me hundiré en el sueño espeso de las ratas
que vienen a roerme recuerdos y deseos

hasta desgastar mi lustre y mis descansos.
Apretaré los párpados, la mandíbula, la frente
y los cojones, me cubriré la cara con el manto
para no sentir al miedo ni el frío ni el relente.

Esta noche, cuando me meta en la cama
mi vacío se fundirá con el calor de desierto
que quedó prendido en la luz de la lámpara
y en todo aquello que, con ella lejos, pierdo.

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