Menudo lío, pequeñeces

Ay Señor, de la ira aciaga y que a ciegas (y anónima) me he buscado, ampárame.

Me eché ayer, ya de anochecida, al monte, y esta mañana recorría las arenas recién rastrilladas del Garraf. El mar blanco, el tibio mar vacío, y las dunas con su frágil ecosistema de finas gramíneas y rastrojos dorados como deditos de un bebé moviéndose al viento. Luego he cruzado por polígonos y pueblos sin gracia para ir a la vertiente norte del macizo, y en un pinar altozano me he recostado sobre la pinaza, mirando las lomas aledañas peinadas por los viñedos. Llevaba conmigo un libro, la libreta, ganas de estar solo después de una semana agitada y la perspectiva de un fin de semana emocionalmente intenso que me espera. También cargaba con algo de comida para practicar aquello de aprender a comer sopa con un cuchillo, y mi cayado. El sol y la benignidad del día teñían de oro y ocre las vides cobrizas. He sesteado un rato. Laboreaban a lo lejos unos hombres que en la distancia yo veía negros. Por lo demás, calma y quietud.

Y al volver esta tarde me encuentro el anónimo estropicio de los comentarios. Lo lamento. Quizás yo me lo merezca, por tender el trapío de mis intimidades al sol de este escaparate. Lo lamento sobre todo por el respetable, que no tiene por qué sufrir estas vulgaridades encapuchadas. Es un espectáculo indecoroso. June añade sombras de sospecha sobre mi posible autoría; claramente infundadas, pero a ella la excuso por ser nueva en esta plaza. Y hágase la luz. (Esto es: más luz, porque si de algo peco es de transparencia en este tema.)

Luego de doce años de matrimonio que se fueron al garete (y no menor razón fue mi desatención conyugal), pasé un annus horribilis y hallé paz y felicidad en la belle dame aux yeux bleus. Con ella conviví cuatro años, muchos de los cuales fueron felices, si lograba obviar una contrariedad a la que ni supimos desarmar ni logramos sobreponernos, especialmente yo. Y dije basta y me fui de casa y estrené mi nueva soltería con un propósito claro: aprender a vivir solo, sin dependencias emocionales. Obsérvese que antes he dicho que mi felicidad estaba en ella. Craso error: nuestra felicidad no está allende nuestras pieles, sino con uno mismo. Basarla en la pareja supone un factor de inestabilidad que, agravado por mi torpeza social, mi inmadurez, y la briosidad de mis deseos, estropeaba cualquier posibilidad de prosperar. Y así me luce el pelo.

Ahora bien. Soltería no significa continencia. Yo no la entiendo así; no es que no la entienda: es que no soy capaz de adornarme con dicha teologal virtud, lo siento si no agrada, es un hecho. Soy promiscuo. Tengo en rededor una serie de amistades, féminas, con quienes tengo roce. En catalán existe la palabra amistançada: según el IEC es Dona amb qui té relacions sexuals habituals fora del matrimoni. Algunas se conocen entre sí; todas saben de la existencia de las otras, sin que haya necesidad de saber más detalles de los necesarios. Ninguna puede sorprenderse. Hice, no ha mucho, una declaración de bonobismo. La sostengo.

Y no engaño. (Ya lo hice, y no me gustaron los descosidos que la doblez hace en las costuras del amor.) Sé que por ser franco y claro me pierdo: las hay que buscan un príncipe azul todavía, a estas alturas. Y en estas lides soy rabiosamente republicano.

Ahora bien, procuro ser discreto. Y mis indiscreciones las visto de metáforas o escamoteo con anacolutos literarios y pies contados. Y no valoro a las personas por el tallaje de su ropa interior. He descubierto que tetas minúsculas me han abierto corazones inmensos. Y que la belleza del alma no sabe de estereotipos, y sí mucho de complicidades a media luz y francas lealtades.

Pido, pues, excusas al respetable. Y si bien podría poner barreras de control (por ejemplo: moderar los comentarios y censurarlos si hubiere necesidad) no lo haré: no soy yo quien para censurar la vulgaridad de los que no entienden la amistad que ofrezco. Allá ella. O ellas, pues las capuchas del anonimato me impiden identificarla/las.

Yo seguiré a lo mío (y con lo mío, porque no tengo más): para mañana he de preparar una bolsa con aceite de masaje, una sábana y un pareo. Eso me piden que lleve al taller de Tantra.

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