Polis y nieves

Dos son los temas de conversación en el Valle de Arán. En los corrillos, en las tiendas, en las sobremesas y en las charlas al paso que sobre las aceras se cruzan los conocidos, siempre dos temas aparecen: la presión policial y la nevada.
El Valle es tierra de frontera. Y abundan las patrullas de todos los colores: verdes de la Guardia Civil, azules de la Policía Nacional y de los Mossos de Esquadra. Como el Valle tiene básicamente una sola carretera, la C-28, que lo recorre como una espina dorsal siguiendo la Garona, desde la Bonaigua hasta llegar a la raya de Francia, todos los controles se instalan en las rotondas de esta C-28.
Los Mossos de noche aparecen como gnomos en un bosque noruego. Montan controles de alcoholemia con un tesón (¿recaudatorio?) notoriamente cargante en alguna de las 5 rotondas, a horas convenidas que los habituales ya conocen.
Y de ello se habla en el Valle: “Ayer tres veces soplé, tres: en Z”. Y si escribo Z, igual hubiera dicho X o Y, que son rotondas: una por encima de Vielha, otra en Vielha y la tercera cinco kilómetros siguiendo hacia Francia, en la misma C-28. “¿Y qué pasó?” “Bien, tuve suerte: había un Mosso amigo”. El Valle de Arán es pequeño, su población residente habitual es reducida, y como en todas las pequeñas comunidades la continua convivencia y el saber todo de todos es algo que se respira en el ambiente: salir a tomar una copa es salir a decir hola a un número indeterminado (pero siempre superior a tres) de personas conocidas, amigas, amigos, colaboradores, el ex-novio de una, la suegra de otro, la pediatra, el secretario del Conselh, la mujer del que repara las cafeteras, que estuvo liada con aquel que hemos visto en la barra del primer bar, pero eso fue antes de conocer a Ángel, que es el que ayer te dije tuvo un accidente yendo a Tarbes con su “amiga”, tú ya me entiendes, que era una madrileña divorciada que venía cada invierno a su casa en la Pleta con ganas de marcha y que acabó asentando cabeza, porque hace tres años que no se la volvió a ver, quizás haya vendido la casa, se lo preguntaré a R., ¿sabes? es la chica pelirroja (bueno, casi: se tiñe) que hemos saludado antes de entrar , que es API y se mueve bien por las Pletas de arriba (ya sabes: por Baqueira, Salardú…), ella lo sabrá fijo. Uy… mira quién está ahí: S., el mosso que me paró ayer. Y al Mosso: “Hola, noi, ¿tot bé?” (A mí: Es que siendo mosso le he de mimar, no sea me vuelva a parar en alguna rotonda una noche de estas…).
En el Valle todo el mundo habla de los controles de alcoholemia y del tiempo. De la lluvia, de los grados de temperatura, de las cotas de altura y de si nevará o no nevará. Como payeses, miran el cielo y escuchan al hombre del tiempo con más interés que al locutor que acaba de decir que 8.000 filipinos han muerto en un devastador corrimiento de tierras. La gente del Valle siente devoción por los hombres del tiempo. Se juegan mucho. Año de bienes será, si caen las nieves; si no, apaga y vámonos. La economía del Valle se sustenta en el turismo de invierno. Todo el año la economía de muchas familias tira de los caudales que se hayan logrado hacer durante la breve pero intensa temporada de esquí. La nieve, pues, es oro. Y con avaricia payesa, y preocupación legítima, los araneses miran el cielo y esperan que caiga la nieve.
Han dicho que el sábado. No, precisa otro, será el sábado por la tarde-noche, el domingo quizás. El de Telecinco… Déjate de Telecincos, que esos quedan muy lejos: TV3 dice que el domingo… Bueno, esperemos que así sea. Y miramos el cielo: la luna relumbre tras un velo leve de nubes que no van preñadas de nieve. ¿Y las reservas? Algunas, algunas han sido canceladas… Ojalá nieve para la Purísima. Que ella te oiga. Amén. El puente de la Constitución y la Purísima es el pistoletazo de salida de la temporada. El Valle, a partir de Noviembre, se llena de temporeros que vienen a trabajar en la hostelería y el comercio (pinches, cocineros, camareras, gobernantas, personal de limpieza, técnicos de mantenimiento, instructores de esquí, dependientas…). Las neveras se llenan, se organizan los turnos, se reparten tareas, se hace mantenimiento preventivo, se da una capa de pintura a estas paredes que hace tres temporadas que no pintamos, ¿qué te parece este color mostaza que he mandado poner? Mañana podríamos sentarnos a preparar la carta, escoger los platos, ponerles precio. ¿Ha llegado ya el género de temporada de aquella marca nueva de esquís? Mi cuñado que está en el Túnel (se refiere al de Vielha, cordón umbilical del valle con el resto de la península) me dijo que ya tenían listas las máquinas y la sal y el personal, que esperan la nieve en breve. Como todos nosotros. Como todos nosotros, sí.
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