Office

He pasado de la suite Microsoft Office a la gerencia de un office: me encargo de preparar los postres, de manejar el limpiaplatos y preparar carajillos, solos, belmontes, chupitos, cortados. Frenesí de horas concertadas (de 13 a 15, de 19 a 24h). Desde los ventanales veo las pistas, los remontes que suben y bajan, que esperan a las hordas de turistas pijos. Fóllate a una pija, me dijeron: son todas guapas, tienen labia brillante o divertida y en pocos días se vuelven a la Meseta. Hoy comprando los flecos de la intendencia he visto a la primera, elle faisait les emplettes, cargaba un carro en el Eroski: vestía pantalón de nieve y chaqueta de azulete bien acolchado, ceñida a la cintura, rímmel en las pestañas de las nueve de la mañana y labios perfilados en un mohín algo mustio.

Creo, sin embargo y sin falsa modestia, que no estaré yo para bollos, tras el frenesí de las horas puntas, las cartas volanderas, las frascas de vino, las jarras de agua, las trufas, el chocolate de Venus con licor, los flanes, las tartas de tiramisú y de arándanos y los hijoputas (descafeinado de sobre con leche light y sacarina), las cremas catalanas, ciruelas al armagnac y un zurito de cerveza para desatascar el estrés que se apelmaza entre el plexo solar y los cojones. Miraremos por los ventanales y veremos nevar. O veremos a los esquiadores bajar siempre bajando, por las pistas, trazando amplias eses de nieve que se deslizan sin saber adonde van. Me acuerdo de Cromwell que decía: “Aquellos que van por la vida tan de prisa, no saben en realidad adonde van”. Y veré con media sonrisa y moquillo helado colgándome de la nariz a las hordas emplumonadas que, como zapadores, con mochilas, bolsos,  botones afelpados, cascos, esquis, bastones, mala leche y criaturas quejándose de que les duelen los pies, se encaminan a las colas para subir a las cimas para bajar por las pistas (con prisas) para volver a hacer colas en otros remontes, para volver a encumbrarse para mejor deslizarse en un sin-parar de eses, sin otra ebriedad que la que pueda proporcionar la velocidad y el frío, arriba y abajo, abajo, rápido, a otra cosa, bocata, ahora la pista verde, otro remonte, otra cola para el telearrastre, pista roja yuuuupy!, y la caravana luego para desandar lo andado hacia el coche y volverse a casa, caravana mediante, hacia la meseta, hacia el hogar dulce hogar que han dejado atrás para disfrutar del frío, de la lluvia, de las botas apretadas y de las estupendas colas con que el Pirineo Catalán les agasaja.

Quien les entienda, que les compre.

Oído cocina?

Oído.

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