Vuelvo a casa

Volver a casa. Orear las horas que se han quedado encerradas. Regar las plantas, hablar con ellas. Admirar de nuevo el vacío interestelar que se cobija en la nevera, pensar en llenarlo (¡y poder hacerlo con el sudor del office!). Recordar los 414 chistes de estos días. Tirarse a la cama y cerrar los ojos. Volver a ver la luz de las paredes blancas. Sentir el frío de una casa que ha estado demasiados días sola. Y caldearla.

Y llevar dentro el frío limpio, el azul cobalto de las nieves vírgenes, el color de crema tibia de las cumbres cuando el sol declina, la oscuridad del bosque, el silbo de mil pájaros al amanecer, el azul de los giróscopos policiales en las rotondas, como clavos, como campanadas de medianoche, puntuales a la cita, las risas desmoronadas en la madrugada, el trajín del office, las chanzas con los colegas de unos días, el reparto del bote, los besos robados, las risas que no callamos, los botones del ascensor que se hacen el longuis, los paseos con Virginia, las truchas en el río, las risas en la nieve, la cerveza natural que ya está fría, el chocolate de Venus y la crema de vainilla, ¡marchando una jarra de sangría! Una canción de Sabina hunde la presa y derrama el río por los valles, descarrila cauces y anega mejillas: ¡Atenta la barra: momento de flojera al pase, mesa 6! Una tarde de domingo que se nos cuela entre semana; una amiga; una odalisca también que de lejos da un beso, como desde un cuadro de Ingrés. El hierro articulado de las esposas, el terciopelo sin herrumbre de su risa de gato con botas, y mi miedo seráfico de ratoncito pérez que llegara tarde a su cita.

Y tantos caminos, tantos caminos por trazar. Unos de nieve, en la cota 1850. Otros más llanos, entre tierras campas y prados sin cercar. De todo queda constancia. Véase abajo.

Y muchas otras fotos aún que no han sido tomadas. Por vergüenza, por modestia, por ignorancia o por descuido: la memoria se deshace en risas, se licua si la temperatura sube de cuatro grados, se derrama, deja posos en las encimeras, llaves bajo el felpudo, coches fuera de sitio y risas por todas partes, cuatro veces más risas que el año pasado, dice el contable. Y crece una sonrisa que durará hasta marzo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s