Un puñetazo please

No sé por qué, pero sospecho que aquí, en esta captura de mi pantalla, hoy, puede verse un antes y un después. Glups. O llamo pronto a alguien para que acabemos con esto (un voluntario para partirme la cara, please) o  me recluyo unos días en Vallbona de les Monges. A beber gin-tonics en silencio y a leer a Séneca con resaca. Deseos de tenderme en la hamaca de los humos verdes hasta hundirme en la completa disolución.

El tema empieza a ser pesadillesco. Me faltan manos para jugar, y sigo sin embargo pidiendo pelotas. Lo que sea con tal de perderme en los senderos que se bifurcan. Sensación de pérdida, sensación de extravío.

El puñetazo, certero, necesario, lo ha clavado una voz de vidrio:

A) No vols pas ser escriptor en realitat
B) Només vols sentir a cau d’orella què guapo i estupendu que ets
C) No vols admetre que t’encantaria enamorar-te. No vols admetre que no tens collons de tornar-te a enamorar.


Por suerte lo dejó ahí, sin acabar de declinar el alfabeto.

Otra voz me dijo ayer: “Me muevo por ilusiones”. Y yo quebré la sonrisa bajo el peso de la cultura que en esos momentos llevaba de un lado a otro y me dije: “Yo las ilusiones las consumo”. Y sentí pena por mí. Y luego me acordé que no debía compadecerme de mí: que estoy estupendamente, recio, sano, bien acompañado y bien comido y bien follado. ¿Qué más puedo pedir?

Un puñetazo. Un puñetazo que me ponga en órbita, eso bastará.

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