Problemas con mi sombra

Andamos mi sombra y yo enredados en confusiones varias. Sugiero que nos demos cita, que nos encontremos, nos sentemos a charlar y a tomar un gin-tonic (o varios) mientras aclaramos nuestras diferencias. Le sugiero el pub Puput de la plaça del Cony, en Granollers. Le sugiero el Michael Collins en la Sagrada Familia, podríamos subir al Merbeyé bien alto, o bajar al Nus allá por La Ribera. Podríamos ir a La Baignoire de Gràcia; quizás también al Bonobo (en Gràcia también). ¿Y más cerca? ¿El piano blau? La cuestión es hallar dónde podrían servirnos un copón de ginebra en paz para descansar y amenamente solventar la confusión, tender al sol del diálogo las dudas, las rencillas, resquemores, ideas fijas, patrones neuróticos, calzoncillos y camisetas sudadas y, en pelota, aclarar de una vez por todas cómo salir adelante, mi sombra y yo.

El caso es que tropiezo, últimamente muy a menudo (quiero decir: más a menudo que de costumbre), con ella. Avanzar por el recto camino no me resulta fácil: ella se interpone, pegajosa, como las sombras de un cuadro de Bacon, deforme, espesa, opaca, agujero negro de mis deseos… y no me deja avanzar.

Sentarse a hablar con ella de tú a tú con un gin-tonic entre manos me parecía una opción válida; prefiero arreglar así las cosas. Pero alguien con mayor madurez que yo me señaló que los torbellinos, las dudas, las comezones, se acrecientan marinadas en gin.

Podría tenderme en la hamaca de los humos verdes, mecerme al compás del tiempo clavado en los relojes como olas de un lago de montaña (azules iridiscentes, fondos pardos, ocres, semovientes claridades nunca quietas de los guijarros, de los cantos romos bajo el agua), encender un porro tras otro hasta perder el oremus (sería fácil) y en la madreselva de los delirios darle un par de guantazos a la sombra, quitármela de encima, vomitarla.

Al día siguiente, resacoso, me descubriré desnudo. Y tendré miedo. Será el mismo miedo que tengo cuando la sombra mía se interpone entre yo y lo que por delante tengo.
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Post-Scriptum; que no se me olvide aclarar que mi sombra es de colores variados, cambiantes: a veces negra, otras púrpura o verde esmeralda, a veces azul de altos vuelos, otras veces de oro y sangre, a veces son escaques negros sobre oro. Un follón, vaya… ¿Cómo voy a aclararme?
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