Húsares de Pomerania

En mitad de la fiesta, ahogando arpegios en algunos decilitros de buena ginebra en quinina y lima, oigo cabalgar a los húsares de Pomerania por la llanura: gritos, relinchos y tintineos de sables. Los dolmanes granas y los alamares plateados, el chacó. Los caballos espumantes, relucientes. La formación apretada, los toques de corneta, las variaciones en el espacio, a derecha, a izquierda, el pase a línea… evoluciona la tropa en el campo de maniobras, se llena el aire de polvo, las patas de los caballos levantan chispas de barro. Se pone un sol anaranjado lejos, de fondo, tras una chopera. Dos labriegos miran la tropa desde un margen. A lo lejos se ve un grupo de jinetes apartados que miran también. Serán los oficiales de estado mayor. Jirones de niebla empiezan a condensarse. La noche será fría.
Apunto en mi libreta, haciéndome un hueco en la barra, cuatro palabras que al día siguiente me permitan recordar que estuve recorriendo un campo de maniobras en Pomerania. ¿O eran las llanuras del norte de Francia, durante la guerra de 1870?
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