Re-Agrupament






[Con fondo de Nocturno.] Hoy interpreta Maria Joao Pires los Nocturnos de Chopin. Hoy no cabe otra música; hoy se cumplen  200 años del nacimiento del polaco afrancesado. Y con fondo de piano romántico, pues, me siento a devanar letras y frases. Y cuando me canso, salgo a dar un garbeo, a ver y vivir y beber verdes alcaceles, lindes del bosque, riberas enmarañadas de los cauces secos, márgenes de caminos que me llevan de una granja a otra por los alrededores del pueblo. Una sierra detrás, oscura de pinares a contraluz, y un macizo de encinares y grises castaños delante. Cielo azul en lo alto. Algodones. Viento fresco. Y vuelvo al despacho a despachar urgencias de sobremesa y aprendo a digerir siestas urgentes, siestas importantes y siestas prescindibles. Me hago logógrafo, sonrío, doy gracias al Señor (y a la señora amable también, que hace posible esta felicidad del quehacer y que vino de un calendario lejanísimo a sacar provecho de mí y a que me sienta menos desaprovechado que de costumbre), me siento en la butaca, preparo la clase de francés, tomo notas, picoteo un par de datos en un libro que lleva seis días abierto en la página 328. Fuera, una paloma gorjea en el alero de la casa de enfrente, la calle está silenciosa, no hay tránsito aún, sólo se anima a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde con rigor de verso torero, a las cinco de la tarde, que es cuando se abre la jaula del colegio y las fierecillas, y sus mamás y abuelos, invaden las calles y se ponen a jugar en las esquinas.

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He asistido a un par de reuniones de presentación de Re-Agrupament. Y me gusta lo que en ellas oigo decir. Me gusta que me expliquen con abundancia de datos irrebatibles en qué se concreta el expolio fiscal de mi país en beneficio del Estado. Al parecer, sesenta millones de euros cada día, diariamente, cotidianamente y como si tal cosa, día a día sin considerar domingos, festivos o fiestas de guardar, cada día (dije, dijo Diego sin dudar y Didac con él) cada día un tren con sesenta millones de euros desaparece rumbo a Madrid. Cada día mi hija recibe clase en barracones provisionales. Más datos: Eslovenia ha multiplicado su PIB por siete desde que se independizó de Yugoslavia; Croacia, a pesar de la guerra, ha multiplicado por tres el suyo. No hay constancia de ningún país que haya revertido su independencia; ¿por algo será? ¿Comparamos inversión del Estado en Madrid y en Barcelona? ¿Comparamos kilómetros de autopistas en una u otra comunidad? ¿Comparamos la “solidadridad” de Cataluña (10% del PIB) con la “solidaridad” de los Lands alemanes (2%), de los estados de la Unión Americana (4%)? Etc. Etc.

Son muchos los argumentos que existen para articular el discurso independentista. Y son todos convincentes. El discurso economicista es demoledor, y a buen seguro arrastrará a este país de botiguers que somos (para bien y para mal).

Junto al argumentario economicista, la gente de Re-Agrupament aporta un discurso regeneracionista: la vida política catalana está conchabada consigo mismo, feliz de haberse conocido y de ser votada gratuitamente cada cuatro años, feliz de estar acomodada donde está instalada y apoltronada ahí desde hace demasiados años y claramente necesitada de renovación; Re-Agrupament propone un escobazo vigoroso.

Este escobazo y cuenta nueva debe hacerse desde un mínimo común denominador que aúne, en torno a un objetivo claro como es la Independència, a un amplio espectro del arco político en los dos ejes que lo configuran en Cataluña (Izq/Der; Cat/Esp), esto es: la transversalidad. Da gusto, en las reuniones de Re-Agrupament oír hablar a hijos y nietos represaliados de ERC junto a jóvenes desengañados de CiU y a catalans dels pebrots próximos al PSC (que no PSOE) que no son de la ceba y que sin embargo han venido, aunque sea a lomos del posfijo -ez de sus apellidos, a estos mismos caladeros de la incomodidad buscando recalar en el mismo puerto de la independencia. La ensalada, pues, está servida: rojo dels pebrots tripartitamente defraudados, blanco de la ceba con ganas de revancha y de hacer lo que en 23 años de pujolismo no se hizo, verde de los ecologistas descabalgados por las acrobacias del tripartito… En esta ensaladera, hay sitio para todos. Y más se unirían a ella si los grandes partidos, PSC, ERC y la coalición CiU se dignasen a explicar por qué “NO” conviene proceder a la independencia. Y más seríamos si la prensa (¿del régimen?) no hiciera, como hace, un black-out tenebroso en relación a este hervor del territorio.
Y luego de la independencia (sostienen los de Re-Agrupament) ya se verá: ya se sabe: las ensaladas son solamente el primer plato. Cuando se logre la independencia, ya nos volveremos cada uno a nuestro redil político.

Si el Señorito Laporta se une a la fiesta, arrastrará a muchos. Las poltronas temen lo que se verá en los próximos comicios: cómo se deshilachan y radicalizan las opciones políticas. Un solo diputado de Re-Agrupament en el Parlament hará que TODOS tengan que mojarse y decidir. Votar que sí (y explicarlo) o retratarse en contra. El stablishment no podrá, como hace ahora, tumbar las Iniciativas Legislativas Populares, por ejemplo.

La crisis ayuda en todo este proceso. Y el cansancio acumulado. Y las continuas faltas de respeto que padece Cataluña por parte de los poderes del Estado (partidos y órganos políticos por igual, sin olvidar a los key-deciders económicos…).

Y la luz de la primavera que se nos echa encima.

Hay, sin embargo, una cosa que, en todo este discurso, echo en falta. Entiendo que el argumentario político y económico convencerá a muchos con nuestra (a veces mezquina) mentalidad de tenderos. Pero si hemos de arrastrar a muchos, a la gran mayoría, no será con números solamente. Echo en falta poesía.

Más concretamente del género épico. Y me pregunto: ¿Cuál es la traducción al catalán del nombre Ahminetu Haidar? Una mujer pasando hambre frente a un micro y una cámara en una terminal de un aeropuerto… por un arenal desierto y asolado… ¿Y nosotros? Nosotros que tenemos nuestras verdes praderas, nuestros bosques y nuestros regadíos, nuestras calas y playas, nuestra industria y nuestra tradición comercial, nuestros ríos, nuestra lengua, nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestra historia, nuestras ciudades… ¿Nos atreveremos a sacrificar algo de confort por el futuro? ¿Pasaremos acaso un poco de hambre? ¿Sabremos hacerlo? Las estadísticas y números del expolio fiscal, por contundentes que sean, no alimentan.

La épica, en cambio, sí.

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Cambio el disco y me dejo mecer por los Preludios de Chopin. Hay, en este sol de hoy, una luz de preludio, en efecto, un sonoro brillo de futuro que percibo en cada brote verde, en cada terrón de barro que se seca tras las lluvias de hace unos días.

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