Cuerpo a tierra

En catalán son ànecs collverds. En castellano se les conoce por patos reales. En latín Anas Platyrhincos (que creo es “pato de nariz plana”).

A la izquierda una hembra; el macho la mira lujurioso. La lascivia mancha de claridad la foto en diagonal. Siempre es así.

¿Siempre? No.

No siempre. De esta especie de ánade se ha documentado la homesexualidad necrofílica. ¡Qué cosas!  Pero de esto me enteré cuando estuve ya de vuelta en casa, tras pasar un rato largo tirado en el suelo con la cabeza gacha a la sombra de un almez joven y recién retoñado, en un bancal asomado a un herbazal inundado cerca de una balsa, cuerpo a tierra y mirando de cerca el desorden de la vida, y los bichitos, y los detritus del invierno, caparazones, pajas, pétalos arrugados, tronquitos corroídos por el moho, y la luz cambiante del día, mientras me goteaba encima el gorjeo de los palomos en un pinar no lejano. A lo lejos chiaban las golondrinas rasgando su vuelo sobre un campo de forraje segado ayer. Lejos, alto, un par de rapaces que no he podido identificar dan vueltas. A ratos y según sopla el viento, se oyen los gritos de un partido de fútbol.

“Don’t think, Pedro”. Y me tiro al suelo. Hago el inventario de mis silencios. Hago recuento de hembras y amores. Escarbo en honduras, en silencios, masco una brizna de hierba y saboreo el agrio recuerdo de otras tallos ya secos en la desmemoria del tiempo, y otros talles también se me crecen mientras espero. Don’t think, Pedro, con voz aflautada, me digo again and again. Y prendido a mis pesares y enredado en la telaraña de mis recuerdos ando cuando los patos llegan y se posan con jaleo sobre la hierba inundada. ¡Chitón! 

Y mientras veo a los patos moverse y olvidarse de las sospechas que sobre el bulto que soy han podido hacerse mientras me sobrevolaban, me acuerdo del cuadro de Lucian Freud Two plants 1977-1980:

Luego en casa buscaré el nombre artístico y latino de esta pareja de patos y descubriré el curioso artículo sobre la homosexualidad necrofílica. Me olvidaré del cuadro de Lucian Freud. Me olvidaré del olor de la hierba pisada, me olvidaré del “Don’t think, Pedro“.

¡Qué pesadilla!

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