Gigantes cuesta arriba

El Barça se enfrenta a la épica: ha de remontar un resultado adverso contra el Milan. Los gegants de Sant Pere subieron a Sant Elies (a 1.001 m de altitud y la foto aquí mismo arriba) con escolta de cinco estibadores y un fotógrafo (véanse otras fotos más abajo). Las golondrinas han reparado los nidos que la intemperie en su ausencia ha estropeado. El Segre sigue su curso entre los farallones del pre-Pirineo, y rugen las olas contra la costa arisca de la ídem brava. El azul del cielo se espesa con nubarrones gruesos y el blanco lechoso de los fluorescentes de algunos locales en DF (el recuerdo de aquellos locales) tiene evocaciones imprecisas de pulque y malestar confuso (huidizo) como de hormiguero zapateado –también las hormigas reharán el nido, y el enjambre y el tribunal constitucional si hiciera falta.

Hay una sensación de rien ne va plus en las aceras, en los pastos, en los bancales al sol, en los talleres, los astilleros, en los taulells y los mostradores, y en las neveras, y también en las cafeteras. Las tuneladoras callan lo que piensan, los ríos siguen fluyendo. Se estiran los brotes de los árboles retoñados hogaño. Las máquinas submarinas de las imprentas callan un rato antes de seguir jadeando con otros colores en los rodillos. Hay camas de hospital que han sido vistas escondiendo vendas y apósitos en el fondo de las minas; hay maderas tropicales que ensayan nudos de pino y dibujan aguas de madera de arce como si se tatuaran un nuevo futuro en las venas. Se rumorea que una esquina de un pueblo de La Selva está tonteando con un puente, pero también se asegura que bajan arcángeles del cielo cada día a las siete y treintaicinco de la mañana (lo cual de ninguna manera puede ser cierto, teniendo en cuenta el convenio laboral que rige la arcangelería general y la catalana en particular, con reserva de enmiendas secretas no conocidas hasta ahora –que los sindicatos ya sabe Usted que los cargan a diario).

Se habla, además, de silencios libidinosos que asaltan a las mujeres entre las piernas y las sueltan cuando éstas prometen que simularán un orgasmo delante de los carteros con bigotes con quienes se crucen (las hay modosas que han decidio no volver a salir a la calle si no es hasta pasadas las tres). En un bosque de las Guillerías dicen que un jabalí se desayunó un conejo, mas el gremio de zanahorias lo niega y aclara que las plantillas conejeras (o conejiles, o acaso lapínicas mas jamás lapónicas) en dichas comarcas están al cien por cien listas y dispuestas, y que muchas tardes miran un dvd con una copia (pirata) de La chaqueta metálica, título relativo al recubrimiento (jacket) metálico de las balas, no al novedoso gremio de la sastreria metalúrgica (particularmente miran y vuelven a mirar la escena del sargento gritando a los reclutas en la camareta). También callan los forenses que se preocupan en silencio por saberse de memoria los horarios de los trenes que van a la frontera: nunca se sabe qué pueden decir los muertos. En los blogs de política la sandez se mecha con arpegios de jazz y se sazona con sal gruesa: el miedo es al final del día miedo dulce, meloso, se pega, y el niño y la niña se lamen los dedos con conspicua fruición. El logógrafo tropieza con palabras nuevas y las atesora en el bolsillo. A veces se le cae una de ellas al suelo (de asfalto o purita terracería) y la mira durante un rato antes de abandonarla a su suerte, o se agacha, la recoge y se la mete en el culo, con perdón de la expresión: ya llegará un día que la cague, todo pasa. Los silencios libidinosos suben por las perneras de los chicos jóvenes (y también de los adultos –se acredita así mismo el caso incluso de un anciano de setentaitres años) y provocan erecciones que hacen palidecer las sonrisas de los transeúntes. Un quiosquero enmudeció en las Ramblas mientras hablaba con un colega suyo (y tocayo) de la Castellana, allá en Madrid. Uno de los dos hedía. Uno de los dos se había cagado en las calzas, excusen ustedes la franqueza.

El Sol por encima de todo da la vuelta que ha de dar según las fechas, la latitud. Nada nuevo bajo el sol. Tras la misa de doce, una paella popular; tras el partido, los comentarios de siempre; tras el órdago, otra copita; tras el orgasmo, el sueñecito reparador. Un día alguien dirá “Si te he visto, no me acuerdo”, pero eso no será mañana.

Posted by Picasa

Post-Scriptum: el último vendedor de tricornios charolados que dizque sobrevivía en Tavertet, pueblo manso y olvidado en una cornisa pirenaica, ha echado la persiana, dizque buscando soles más calientes. Se le vio en una agencia de viajes Marsans comprando boleto de ida sin vuelta a Leticia, Brasil.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s