Aguas (y nieves) en Mayo; ¿fuegos en verano?

Foto de Diego Javier García Sánchez (http://fotografiesicomentarisdvilamajor.blogspot.com/)

Foto de Diego Javier García Sánchez (http://fotografiesicomentarisdvilamajor.blogspot.com/)

Las lluvias de estos días, en altura fueron nieve; y al escampar, al alzarse el cendal de nubes espesas que nos tuvo encerrados en este principio de Mayo, un casquete blanco se descubre, no sin cierto regocijo infantil, coronando las cimas del Montseny.

Las lluvias han sido abundantes hogaño, y las nieves también. Y la primavera ha explosionado en verdes limpios, zarzales pujantes, malezas, cañizares a lo largo de las rieras, herbazales que cubren los calveros, sotobosques espesos que los jabalís remueven hocicando cada noche, lianas que retrepan por doquier y nuevos plantones de pinos, de encinas, de robles, de encinas corcheras que se estiran buscando luz y bebiendo vida; almeces y toda suerte de árboles y arbustos (brezos, madroños…). También los castañares, en las laderas asomadas al norte, son una jungla de nuevas ramas que se alzan como aplaudiendo la bendición de tanta agua tras años de sequía.

Mas también está el bosque en su hondura lleno de ramas rotas, caídos troncos y senderos cruzados por los árboles que el vendaval tumbó, paisajes estragados por las nieves que abundaron hace meses, cuando todo el país, en invierno, cubrióse de blanco y de silencio. Todo ello es madera que se seca, que se secará.

Cuando el Sol asome y caliente y asole y agoste el monte (y eso no tardará), toda la hojarasca, toda la resinosa pinaza, la mucha espesura  telaráñica de ramas secas y caídas será combustible para los estragos que protagonizarán los fuegos. Cuando el vendaval y cuando las nevadas del invierno, las autoridades (el ínclito Conseller Baltasar) aseguraron que en dos meses cuadrillas de forestales limpiarían los bosques, abrirían las pistas, reharían la caminería (muy necesaria para poder acceder, en caso de incendios, al interior del bosque para combatirlos), desbrozarían sotobosques. Se comentó en los medios de comunicación que mano de obra no faltaría, que bien pudieran dedicarse a ello los que ahora perciben un subsidio de paro, que bastaría con encuadrarlos en brigadas de intervención local con un forestal al mando y dotarles de equipos de protección, hachas, hachuelas, serruchos y sierras mecánicas y ¡al monte, que hay trabajo!

Tuvimos paraules, pero siguen  faltando los fets, acciones efectivas, la puesta en marcha de estas cuadrillas, por ejemplo y sin ir más lejos. Recorriendo el bosque uno se cruza con los leñadores (ahora se les llama silvicultores) de la zona. Con algunos particulares que se acercan a cargar los maleteros de troncos y madera para las estufas. No más. En los aledaños de los caminos transitables nada se ha hecho. Y una colilla desaprensiva, una chispa de lo que sea, en Junio, en Julio, en Agosto pueden, ¡ay!, prender un averno. Y correremos todos. Y se hará lo que se pueda. Pero será tarde, y nunca será mejor que la prevención.

Y después nos quedará acostumbrarnos a las manchas pardas, negras, silenciosas, muertas, de las quemadas montañas.

Ojalá no sea así. Pero ojalá, y con un tiempo que ya es justo, adopten las autoridades competentes las medidas necesarias para reparar lo que muchos que recorremos el bosque podemos ver hoy, imaginamos y tememos hoy, y que no quisiéramos lamentar mañana.

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