Primavera de lluvias

Campos en La Llagosta (BCN)

Según confirman las estadísticas de la meteorología local, a día de ayer las lluvias caídas en este mi trozo de tierra ya superan las que nos regaron en todo el año pasado, hasta el punto que el olor de los bosques se tercia con recuerdos de Alemania, de Schwarze Wald concretamente. Las madreselvas se desmadran y retrepan troncos en los pinares de la Sierra Litoral catalana. Las cunetas de las carreteras se llenan de maleza, los sotobosques se espesan y sus senderos se angostan. Verde maraña de vida que crece a espaldas del calentamiento global.

Recibo esta foto de los alrededores industriales de Barcelona, una vista de los últimos campos de cereal que circundan La Llagosta: el picacho que despunta es la cima de la antigua cantera de Montcada i Reixac, cota septentrional de la Sierra de Collserola que se estira hacia la derecha de esta vista; mirando bien, se aprecia la aguja de Tibidabo. La mole cúbica de vidrios negros cerrando la izquierda del horizonte es la fábrica de pinturas Valentine. Sus aristas sin remedio contrastan con el resto de líneas del paisaje, más blandas.

El campo verde se tiñe de rojo: amapolas trazando aguas en diagonal sobre el alcacel, como peinadas por el viento. En primer plano asoman los cardos en flor, con el más bello violeta que crece en los márgenes de nuestros caminos, que parecen estirar el tallo como quien estira el cuello para mejor ver.

El cielo es azul, como un azulete desleído por la luz, casi blanco. Limpio, barrido de nubes, infinito.

Por el buzón me ha entrado este trozo de mundo y su sonrisa anexa. Y escribo sobre la lluvia, sobre el tiempo. El clima es un asunto menos polémico, un tema manso, una providencia necesaria para no pillarse los dedos en el teclado, una salida airosa a la celada de las polémicas.

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2 Respuestas a “Primavera de lluvias

  1. Me gustaría ser un pedacito de tu piel, así iría siempre contigo…

  2. Hoy es el primer día de sol desde hace muchos. El manzano que hay frente a mi cuarto todavía está florecido, a pesar de que el viento se había empeñado en peinarlo sin descanso. Ya dio pajarillos y luego dará manzanas.
    Los santos del hielo fueron largos e intensos este año y las semillas de yerba no germinaron. No dejaba de llover ni de hacer frío.

    El día de Venus tuve ante mí un campo enorme de colza con bosques al fondo y el aviso en la cuneta de que pueden saltar los corzos por sobre la carretera. Siempre en viernes atravieso esos lugares y cada día son distintos, y diferentes desde hace años.

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