Desde el jardín de las delicias

Recorro a ciegas la fageda d’en Jordà, me procuro un bastón, avanzo de rodillas, con las manos por delante, tanteando a cada paso el terreno con cautela, poco a poco, escuchando el crujir de la hojarasca, apartando ramas y piedras, oliendo el bosque sublime y oyendo el trino de los pájaros como si fuera una lluvia continua. Sin pudores ni vergüenzas (nada veo, nadie me ve), busco los adentros de los árboles, les meto mano, les acaricio el tronco, me abrazo a ellos, y acabo hundiendo mis dedos en la tierra humedecida de su entrepierna, allá donde se afincan para mejor alzarse; con deleite me llevo la tierra negra que se me queda, pegajosa, entre los dedos a la nariz, y abro las ventanas y gozo del olor de su intimidad. Tierra trémula. De este bosque mágico dijo Carles Riba que sembla fet només perquè un s’hi senti dins.

Luego, el torpor por un lado y sólo los ojos que beben del mundo sin saciarse nunca. Exploro las habitaciones de mi laberinto interior: abro puertas y ventanas, recorro estancias, patios, pasillos, buhardillas, distribuidores y sótanos. Sin pánico, con los ojos abiertos y como se va a la guerra (“Al saber, como a la guerra, se va con miedo, con respeto, con confianza y con los ojos bien despiertos”), me interno, desnudo de mí mismo, en mí mismo, y paseo por los cuartos de mi cabeza, oreándolos, husmeando, curioseando, recordando, descubriendo, compartiendo.

Jardín de las delicias, de El Bosco

Un pájaro imposible cruza, en vuelo sagital, el cuadro abierto de la ventana y se extravía entre los cuchillos negros del laurel que crece frente a la masía. Ha sido un resplandor azul, un azulejo, una carraca, una sospecha de pájaro, un latido apenas.

“El verde de los prados no impide a las vacas pastar.” Eso me digo mirando la diversidad de verdes y pretendiendo, en vano, asignar un epíteto a cada uno de los verdes. Porque paso hambre por tener atascadas las meninges de adjetivos que no sé colocar. A lo lejos el Pirineo descerraja sus cumbres aún nevadas contra el cielo. Las amapolas rojas. Una acacia acariciada por la luz. Los robles y las encinas. La tapia de piedra que cerca la finca, con un tapín de musgos y líquenes que la redondea por encima. Las piedras son oscuras, piedra de lava. Un perro languidece junto al portón de entrada. Las nubes que pasan se abruman un momento, agrisan el día, espesan los colores por un momento, como si los condensaran, amenaza una lluvia que no cae finalmente, que pasa de largo.

Me tiendo en el prado, boca arriba, y dejo que me dore el sol que ya se pone. Es de oro. Una brizna de hierba. Un insecto sube por ella, dando vueltas, como si siguiera una invisible escalera de caracol. Sus alas se despliegan un momento, y las recoge luego, y sigue subiendo por el tallo. La brisa hace temblar el tallo verde y fino que parece quiera sajar el azul del cielo. En la punta, un plumero barre el cielo al revés. La luna está quieta en lo alto. Mi ojo regula la focal entre el insecto (el brillo de su coraza, la fragilidad de sus alas, sus patas inquietas, su cabeza ogival, sus menudas antenitas) y la luna blanca, allá lejos, quieta, matriarcal, condescendiente. Arranco una ramita, me la llevo a la boca, masco el tallo, saboreo la savia, me baño en la luz del Sol, el bichito emprende el vuelo, la luz del atardecer tiñe de rosa las nieves lejanas del Pirineo.

De noche me pregunto dónde está el Jardín de las Delicias. ¿Dentro o fuera?

Donde está el mundo, donde está el fuego, donde estés tú.

Tierra, aire, agua, fuego.

Anuncios

3 Respuestas a “Desde el jardín de las delicias

  1. Vaja fotos!.

  2. Pero supongo que el texto sí es tuyo, y me ha gustado mucho. ¿Por qué no te unes a la red social literaria de Random House Mondadori, a la que se entra a través de Megustaescribir.com
    Es curioso, y por eso te he encontrado, porque en esta red hay un grupo que se llama Uno paratodos, que lanza consignas cada mes para que vayamos escribiendo sobre los temas propuestos. Y la consigna del mes de febrero era “El jardín de las Delicias” de El Bosco. Mirando imágenes y buscando información, me he encontrado con tu texto y me ha gustado mucho. Si quieres unirte a nuestra red social literaria, ya sabes: Megustaescribir.com.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s