Sitges

Ayer me enfadé con mis hijas. Como dice Reyes: las polémicas agotan. Me despierto hoy con telarañas en los nervios, con torpezas de botavara en cada gesto, con legañas en el pensamiento. Me siento sucio. Me ducho. Me conecto de madrugada a una página guarra, buscando (sin hallarlo) el consuelo que no he encontrado tendido al otro lado de la cama. Ser madre soltera es una hazaña. Ser padre divorciado una condena. Vuelvo a la ducha y me acaricio con el agua caliente y jabonosa. Tomo un primer café.

A veces me revuelvo y enrabieto contra mi pena. Ayer les grité a las niñas, que durante todo el día me habían picajosamente acosado porque no estoy por ellas (porque las acompaño a la piscina y pretenden que juegue con ellas, y yo prefiero extraviarme en la orgía perpetua de Flaubert). Se quejan de que no estoy suficientemente con ellas; y se quejan de que no me dedico suficientemente a ellas cuando con ellas estoy.

Dejo dormir a las niñas hasta tarde. Luce el día y brilla el Sol en los trinos de la pineda. Las palomas zurean; un pavo grita con estrépitos incómodos. Miro el mar sentado en la terraza. Fumo; toso; me duele la garganta. Termino de leer un libro que leyó mi abuelo en 1923, El desierto, de Pierre Loti. Literatura imprresionista que da cuenta de un viaje en camello entre el Cairo y Gaza (por el Sinaí, Akabah, Wadi-Rum). En algunas páginas hay manchas cenicientas del tabaco de mi abuelo. La traducción es mala, el papel grueso, las letras se han hundido en él, clavadas en él por la prensa tipográfica de cuando no existía el offset.

A ratos el cielo se arruga con el temblor de un avión que se aproxima al aeropuerto de El Prat desde el Sur; también pasan los trenes regionales y los de cercanías. El mar cierra la vista, y el cielo por encima.

Busco una foto para ilustrar este apunte a vuelapluma y doy con el Sant Miquel que defendió durante siglos el puente en Balaguer. Ahora cuelga de esta fachada junto al mar.

Ante el enésimo No (No quiero recoger la mesa, no quiero tortilla, no quiero no nononono a todo de las niñas), levanté airado y ciego, cansado, la sartén humeante del fuego y pegué cuatro gritos. La cena que siguió fue triste, de tortilla tibia y agua sin palabras. Les pregunté si sabían por qué razones estábamos como estábamos. Que le pregunten a su madre, ella fue la que decidió que así teníamos que vivir. No escogí, yo, esta manera de vivir.

Siguió un gran silencio. Recogieron la mesa, recogieron la cocina, yo me recogí en mi cama. Bien entrada la noche fui a arroparlas y les di un par de besos, uno en cada cara dormida, azuladas, en la semioscuridad del cuarto.

Al despertar me he preguntado qué habrán soñado hoy.

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3 Respuestas a “Sitges

  1. Siempre descubro Blogs interesantes a través de Reyes, no falla.

    Bonita foto. Preciosa luz.

    Texto quizás prescindible (todo lo es), pero divino.

  2. Me gusta cuando te pones así .
    Prefiero este Pedro a otros que también son tú .
    Pero insisto;
    es que yo soy muy moñas.
    Besos a tus niñas.

  3. Añoro Sitges, la pau d’aquets racons, com a la foto tan sols parets blanques cel mar i jo .

    Et ho has preguntat a tu? I a la presencia ?

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