Del velo islámico

Corría el mes de junio y en cambio apenas corría la brisa en la soleada Argel. Caminar entre los pabellones de la FIA (Foire Internationale d’Algier) suponía un baño de sol y de sudor. Al amparo de los aires acondicionados, procuraba salir poco de mi stand, no alejarme del ventilador que mareaba el aire con una regularidad salvífica y me limitaba a esperar que pasaran las horas hasta las seis en que podía recogerme en mi hotel, el Saint-Georges, de tan grato recuerdo.

Fue en aquel pabellón de muestras, al frente, pues, de mi stand de grifos, cuando me encaré con la mirada más bella que he podido columbrar nunca. Azules y verdosos ojos rasgados perfectamente siluetados, una piel morena y tersa, una nariz deliciosamente estrecha y recta. Nada más vi. La bella mujer recorría el pabellón y se paró a preguntar por mis grifos. No sé quién era. Hablaba árabe. Una acompañante traducía al francés las preguntas y mis respuestas intimidadas. Quizás estuve hablando con una princesa árabe. No lo sé. No lo sabré jamás. Al recordarla pienso en “las huríes de grandes ojos, / semejantes a perlas ocultas” que menciona el Corán (56:22-23).

Era alta, altiva y elegante; su mirada inteligente escabulló la mía, que no podía apartarse de la belleza de lo poco que se me dejó ver. Cuando se despidió dio un medio paso atrás, y, sin inclinar la cabeza, sonrió. Sonrieron sus ojos, eso sí pude verlo; intuyo que sonrió también con los labios, quedó satisfecha de la charla insustancial que acababámos de cruzar.

Me he acordado de ella en estos días en que tanto se habla de nicabes(*) y burcas en los periódicos y las tertulias de radio. Varios partidos políticos, por lo común enfrentados, ahora coinciden en prohibir esta vestimenta de las mujeres árabes en las instalaciones públicas, y haylos que desearían prohibir los velos integrales en todos los espacios púbicos, por las calles. Sobre todo me he acordado de mí frente a aquella mujer plebeya o principesca, adinerada sin duda, árabe, con quien, excepcionalmente, pude cruzar unas pocas palabras sin saber quién era.

Excepcionalmente, en efecto, pude hablar con ella, aunque fuera con intérprete-carabina interpuesta. Muchas han sido mis estancias en el Golfo Pérsico, en el Maghreb, en Persia y países limítrofes. He visto a los bultos negros pasear por las deslumbrantes avenidas de Riyadh. He visto nicabes tomando cafés en los Starbucks de Abu-Dhabi junto a jóvenes descocadas procedentes de los países del Este sentadas dos butacas más allá, en el mismo establecimiento.  Los he visto meterse en el mar en Kuwait, y salir luego como fantasmas. En Al-Khobar he visto a las mujeres apearse de los grandes jeeps y entrar corriendo en las family-rooms de los restaurantes, únicos espacios públicos que para ellas están previstos y en cuyos reservados pueden confraternizan (castamente) y coincidir (con reparos) con el otro sexo. En Qatar he visto viejas con máscaras de cobre repujado. En el Maghreb he visto a mujeres ensabanadas de negro pastoreadas por musulmanes acérrimos (de los de barba teñida de alheña roja, a semejanza del Profeta, según refieren los hadices)  que, estando de vacaciones lejos de su país, sin ningún recato ni vergüenza, tapan su obesidad con camisetas de los Lakers y pantalones cortos de safari sin permitir en cambio que su esposa se desnude siquiera los guantes negros. Y desde luego sin tolerar ni el más mínimo contacto de ésta con cualquier hombre, ya sea local o extranjero.

Ver al género femenino de un país entero, Arabia Saudita, y de toda una zona (el Golfo Pérsico), velado de arriba abajo, da grima. Al cabo de varios días recorriendo Jeddah, Riyadh, Al-Khobar, Dammam, Kuwait, Bahrein… uno se angustia. Asomarse a los escotes que abundan (en comparación) en los malls de los Emiratos Árabes Unidos supone un alivio a la impenitente (y natural) rijosidad de muchos occidentales. Ver al mujerío entero cubierto e irreconocible desconcierta: estamos acostumbrados a saber con quién tratamos, cara a cara; esto es: de igual a igual.

El uso del nicab (y del burca en Afganistán) implica la consideración del género femenino como “objeto” del hombre. El poder patriarcal impone la veladura para mejor negociar su intercambio en el matrimonio, para coartar su libertad, para mejor proteger su “propiedad”.

Que el Libro Santo del Islam mande que se cubran las mujeres para no ser molestadas (Corán, 33:59) me resulta tan relevante como cuando unos versículos antes declara “lícitas para ti a tus esposas, a las que has dado dote, a las esclavas que Alá te ha dado como botín de guerra, a las hijas de tu tío y tías paternos y de tu tío y tías maternos que han emigrado contigo y a toda mujer creyente, si se ofrece al Profeta y el Profeta quiere casarse con ella. Es un privilegio tuyo, no de los otros creyentes -ya sabemos lo que hemos impuesto a estos últimos con respecto a sus esposas y esclavas, para que no tengas reparo. Alá es indulgente, misericordioso” (Corán, 33:50). Sí: indulgente es Alá; misericordioso con algunos, pero desde luego no con ellas. ¿Acaso no es, según el Corán (2:223), la mujer un campo o un huerto propiedad del hombre y señor que puede acceder a él siempre que le plazca? En fin…

Estoy decididamente en contra del nicab.

Diga lo que diga un determinado Libro Santo, en una sociedad democrática y social, en principio laica, como es la nuestra, estas premisas ni rigen ni suponen derecho alguno. La tradición, sea indígena o de importación, por otro lado, tampoco deriva en derecho.

Pero en Cataluña, en España: ¿es necesario prohibirlo? Del mismo modo que no legislamos las matanzas de focas a bastonazos porque no tenemos focas: ¿tenemos nicabes, burcas? Muy pocos. Se ven muchos hiyabes (pañuelos que cubren la cabeza y el cuello) pero más se verían si el estamento religioso católico se echase a la calle o fuese más numeroso (¿no son acaso las tocas monjiles lo mismo?). En realidad son pocas las mujeres que nos visitan con la abaya y el nicab típicas del Golfo. Y por otro lado: ¿osaríamos legislar contra ellas si, como ocurre en Londres en verano, padeciésemos una invasión de bultos negros y sus maridos ricos con ganas de fundir sus visas de oro en nuestros Knightsbridge y en nuestros Harrod’s?

El debate del velo islámico es corto de miras, tacticismo vergonzante y xenofobia miedosa y encubierta de los partidos políticos, que, como dice un analista de La Vanguardia, se están hundiendo, en estas horas bajas, en la mezquindad.

====

* Duda ortográfica e ilustración vestimentaria: si clubes es el plural de club, ¿nicabes corresponde a nicab? Lo mismo aplica al hiyab. Sobre la variedad de velos usados en el mundo islámico, véase esta lámina.

Anuncios

2 Respuestas a “Del velo islámico

  1. Has escrito lo mismo que yo pensaba el otro día .

    De verdad es necesario ponerse las pilas en este tema ??

    Suena un poco ridículo;
    donde yo vivo , veo hiyabs de esos de vez en cuando ,pero pocos; y más de vez en cuando todavía , una saharui con sus telas al viento en plan sari hindú , y ponen una nota de color en las calles …no veo la necesidad de poner ordenanzas , más bien se deberían prohibir las botellonas y el lanzamiento de condones usados por la ventanilla del coche, que me lo encuentro mucho más porque vivo cerca del campo .

    O las peleas de perros .
    O las mechas rubias.
    O los debates de la tele .

    Hay muchas más cosas para fijar la mirada normativa , pero como dices, las cortinas de humo cada vez son más burdas.

    ……
    Fascinante tus impresiones en tierras árabes.
    Personalmente qué quieres que te diga…pertenezco al grupo de población rajado , y por tanto no puedo en absoluto estar de acuerdo con ciertas formas de dominación a través de la ropa , que tan sólo es un reflejo de la intelectual, moral , religiosa, etc .
    Pero si una estudiante iraní en Europa quiere llevar un hiyab quién soy yo para impedírselo , como si fuera un piercing o una diadema con su foto de comunión .
    Yo qué sé.

    Las mujeres siguen siendo objetos en la mayoría de las culturas , cada una con sus especialidades , y de una manera o de otra se coarta su libertad SIEMPRE .
    Dentro o fuera de sus países de origen o familias, siempre es lo mismo.
    Aquí basta poner la TV un rato para ver que tampoco las mujeres son seres humanos libres.
    En absoluto.
    Qué diferencia hay entre una estudiante que desea llevar velo porque se siente más ella misma que otra que va a recibir como regalo de cumple una operación de tetas para ser más deseable?
    ?Acaso no son esclavas las dos de factores culturales, de diferentes tiranías ?

  2. Que bueno, que un petón y que este mundo es gilipollas del culo.

    Ojalá se destruya pronto y los dinosaurios tengan otra oportunidad .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s