La inspiración y el estilo

En 1966, este señor de la foto con su modesto parecido a un land-owner del Misisipi publicó  un ensayo que, con el título La inspiración y el estilo, (re-)fundaba una nueva manera de concebir la Literatura. Eran los años del realismo socialista, del escueto tremendismo, del novelar llano y certeramente apuntando al corazón de los acuciantes problemas que padecía entonces el país, prosas sustanciales pero muy sosas. También eran aquellos los años en que al Norte de los Pirineos se exploraban otras maneras de rendir sobre el papel la realidad, años de Nouveau Roman, exuberancia de prosas morosas. En este sentido, este señor era un outsider, una lone-star, en el panorama literario de entonces (y aún de ahora).

Este señor es Juan Benet, ingeniero y literato. Mientras España quedaba deslumbrada por el boom sudamericano que entonces lo cegaba todo, él se empeñó en escribir siguiendo las verdades que, ya en 1965, apuntaba: el estilo es el (único) fundamento de la Literatura. Sus novelas son libros morosos, espesos, densos. Sus frases cargadas, alambicadas, con interminables cláusulas subordinadas, apartados, excursos, paréntéticas explicaciones, tiempos verbales inverosímiles y un léxico más afilado que las guadañas en  junio. Sus historias, a menudo nimias, se despliegan con la poca agilidad de una crisálida esclerótica, lentamente.

Constructor de presas (una lleva hoy su nombre), aplicó sus conocimientos ingenieriles a escribir como tal, articulando sus historias sobre bases sólidas, haciendo de cada locución, de cada predicado, de cada párrafo un tocho con el que levantar el monumento de palabras que constituye su obra.

Su mundo, Región, donde trasncurren sus novelas, fue cartografiado in extenso y descrito con precisión de geólogo. Macerta, el río Torce, Mantua… Las familias de Región son objeto de vivisección entomológica. El relato de la guerra que asola Región es trasunto de la civil española. Los miedos, las supersticiones, los fríos y silencios son evocación precisa de los de una parte de la Península. Y el estilo denso del autor es como fortificadas paredes que a buen recaudo encierran la verdad que contienen. Como en las obras arquitectónicas, es necesario penetrar en el edificio, atravesar el grosor de los muros (valorando su robustez, apreciando la fábrica y el estuco, sí,  pero sin detenerse en ellos), para poder gozar, desde el interior, del conjunto, esto es, del contenido (la historia) y del continente (el estilo).

Podría decirse que las novelas de Benet no se leen: se visitan; porque es necesario entrar en ellas para disfrutarlas. Hay que cruzar los umbrales de su escritura para, desde dentro, ver la magnificiencia de la obra; es como saltar al agua para poder, flotando en ella, descubrir su frescor y sus cualidades. Una vez superado el escalofrío que supone el shock entre nuestra temperatura corporal y la del agua (entre la prosa llana a la que nos tiene acostumbrada la mediocridad de muchas novelas y la escritura espesa de Benet), podremos nadar en ella y explorarla a fondo, podremos hundirnos en sus profundidades, en sus simas, podremos gozarnos y dejarnos sorprender en sus opacidades esmeraldinas como cuando, sumergiéndonos en las aguas turbias de un pantano, una rama que no vemos nos toca.

Benet exige un esfuerzo por parte del lector. Cada una de sus frases sobre-escribe otras muchas, contiene muchos otros significados (that’s basically what Literature is all about: la polisemia intrínseca del texto). Moverse en tal jungla pide determinación al lector-explorador. Cruzar la selva es una experiencia intensa y enriquecedora.

Y al llegar al final del libro, como al lindero último que delimita el manglar que penosamente hemos traveseado, se abre un horizonte de nuevas luces. Habrá valido la pena el afán.

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Random House lleva unos años publicando la obra entera de Juan Benet en edición de bolsillo con aditamiento de epílogos críticos muy bien escogidos y aclaratorios. Para una primera cata yo recomendaría los cuentos de Región (y más concretamente Numa, el último que llegó a publicar). Seguiría por El aire de un crimen. Y si gusta y la experiencia ha sido positiva recomiendo el despelote inmediato y la zambullida en Herrumbrosas lanzas, la novela total del mundo benetiano. Ya me contaréis.

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Una respuesta a “La inspiración y el estilo

  1. Ya te dije que yo no pude terminar su libro.
    Pero no me digas que la literatura es sólo construir presas , porque no me lo creo.

    Besos.

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