Días en barbecho, días de chapapote

Mi mundo pequeño se encoge estos días, reduce sus luces, se apaga, recorta sus lindes, olvida los horizontes que, en días menos nublados, sé que están ahí, más allá de mi capacidad de alcanzarlos en plazo breve, lejos, pero no, como estos días, imposibles. Ando en la ciénaga de mí mismo y me ahogo en el barro, en la podredumbre, me extravío si recorro la tramoya de mis días, me hundo en las arenas movedizas de mis contradicciones sin mentira, me confundo en el laberinto de mis sentimientos; me cuesta zafarme de esta mi chapapoteril autocompasión, como quien ha hundido en el limo un pie y no sabe extraerlo para seguir la marcha; me cuesta horrores avanzar sin saber hacia dónde, sin saber cómo, temeroso y descreído, desconfiado ya de hallar un día la linde del tremedal de mis días; buscando, sin embargo, sacar la cabeza del chapapote del malestar en que me metí.

Si callo, se me llena la boca de fango, de barro con piedras menudas como recuerdos redonditos, como guijas de río que trago sin morder, con raíces antiguas que el agua y el tiempo han corrompido y que son ahora blandas y gelatinosas, medúseas, extraterrestres, nebulosas casi, si no fuera porque las mastico y dejan la boca pastosa, resacosa, y el cuerpo pesado y empedrado. Si callo, el cieno llena mis pulmones y me asfixio, boqueo como la sequía en las bocas de los peces arrimados a la última charca. Si callo, el lodo me traga y masco su sabor antiguo y fecal; en él me hundo, su tibio abrazo me oprime, me sujeta, me exprime lágrimas que trago también, saladas, mocosas.

Si rabio y aplaco la furia de mi contrariedad contra la mesa del salón, entre los trozos de la mesa rota se derrama la pecina de mis nonadas. Me agacho a recoger, de rodillas, con los fragmentos de lo que fue una mesita de centro, mi abatimiento. Pesan poco, virtudes del mobiliario ikeo, los cachos rotos de madera; algo más mi malestar. Y recuerdo una puerta que de un puñetazo atravesé hace años. Me dolió más la pintura cuarteada, la lámina de madera hundida, el hueco ominoso que quedó (a través del cual, como por una cerradura indiscreta, podía asomarme a mirar, siempre que la olvidaba, cómo era mi rabia de primate), me dolió más el estropicio que los nudillos escoriados. Eso fue hace años.

Y hoy, desde el chapapote inembargable de mi necesidad, abro la boca, boqueo –lo siento, no sé hacerlo de otra forma, aún no he aprendido a beber solo, y se me atragantan cada año los cumpleaños. Junto palabras. Las cotejo, las escojo, las pulo y escribo. Con ellas pretendo expresar el barbecho de mis días. Quisiera venderlas. Sacar de ellas provecho. Poder cambiarlas por un viático hacia otra vida más regalada, más cómoda, sin visitas de inspectores del gas con ultimátums, con la libertad y la autonomía que dan cincuenta litros de gasolina en el coche. Sin la responsabilidad de mí mismo a la que yo a mí mismo me condené. Una vida entretenida, distraída, evasiva, divertida, alejada de mí. Últimamente paso demasiado tiempo conmigo a solas; y no puedo concluir que mi relación conmigo sea buena, al revés. Creo que nunca sería amigo de un tipo como yo.

Y así, en una bolsa, acumulo los restos de la mesa roja. Me echo a llorar. Me doy pena. Tengo mucho y me quejo; me falta poco y me desanimo; me siento querido y sin embargo lloro, con la punzante sensación de no saber corresponderlo; me siento arropado y tirito de frío; me siento a mirar la luna llena y las lágrimas no me dejan ver el paisaje. Pero hoy, y ayer, esto es lo único que tengo. Y es insoportable.

Cuarenta y un años cumplo mañana. Y no siento que haya mucho que celebrar. ¡Qué desperdicio!

No soy una persona madura. No soy una persona económicamente independiente. No soy una persona emocionalmente estable. No soy un trabajador productivo debidamente insertado en el sistema capitalista. Ni soy de derechas porque me puede la compasión (para empezar conmigo mismo) ni me siento cómodo como náufrago de la izquierda. Tampoco me siento a gusto siendo español ni quisiera ser solamente catalán. Mi hombría tiene aún mucho que bi-curiosear. Mi paternidad es soslayable. Mi condición de ex no añade sino deudas a las que he tenido tiempo de ir contrayendo en estos últimos años. Mi lucidez es turbia, mis principios mudables, mi voz inaudible, mi llanto barato e insustancial. Mi estado anímico es una montaña rusa (¡eps! aquí un punto de luz: todo pasa, mañana estaré como nuevo y borracho en euforias tan infundadas como estas tristezas de hoy –aunque no es un consuelo, es un alivio que espero no tarde: me siento más feliz en el papel de jaque).

Una vez un amigo, luego de un partido de ping-pong, dijo de mí que era un mal perdedor (en realidad me contrariaba su afilado espíritu competitivo, que no comparto). Eso fue hace años; me atrevería a afirmar que, como perdedor, he logrado ganar la partida. Y no se me negará la hazaña: cierto mérito supone quedar el último de la fila habiendo partido con tantas ventajas (estudios, familia, lenguas, ínfulas varias, buenos sueldos y oportunidades que he dejado pasar, así como personas, bufff, la lista es larga…); lograr ser un perdedor, desde estas condiciones de salida, demuestra cierto arte dilapidatorio.

Sé que ando hoy perdido y lost en la ciénaga. Antes iba perdido entre aviones y hoteles y capitales por medio mundo. Antes aún me perdí en los libros until I said “Yes” to a divorce. Estuve años explorando unos abrazos que me pedían algo que yo no podía dar. Luego siguió un par de años ventisqueros, de besos y de abrazos sin cuentas pendientes. Ahora me remanso en una quietud cuya fértil placidez me hace temer lo peor. Hace una semana me perdí en los covachuelas truculentas de internet. Ahora vivo rodeado de papeles, de libros; unos nasciturus, otros ya  asesinados, algunos atravesados por lápices sin perdón y crueles, cuya lucidez se afila con los días. Algunos hay que se me han muerto de aburrimiento, de hastío, de este hastío atenazado y desesperanzados de hoy.

Mañana será otro día.

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5 Respuestas a “Días en barbecho, días de chapapote

  1. En algunos párrafos me he sentido plenamente identificada contigo, increible….

    Te felicito por la buena prosa que tienes….

    p.d.: Life is what happens while you are busy making other plans ( Lennon)

    Que pases un lindo cumpleaños mañana

    Un abrazo desde Paraguay

  2. Felicitats, sigui com sigui !!

    Em temo que l’edat, afortunadament o malauradament no ens porta la certesa i seguretat que imaginàvem quan erem més joves. Tu diu algú a qui ben aviat li cauran els 43.
    I potser podem dir que “afortunadament” perquè això permet que tot estigui encara obert, que tot pugui ser una nova oportunitat,que qualsevol dia pugui començar una nova vida….

    Una abraçada.

  3. Ah, tanto me has gustado en lo de “mis principios mudables”. Me ha recordado aquella gran frase de Marx (Groucho): Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.

  4. Llego tarde pero te deseo feliz cumpleaños.
    No creo que hayas desperdiciado nada .
    Eres simplemente un aventurero, todos los que hemos naufragado lo somos en alguna medida.
    Quien no naufraga es que porque se agarra bien a la tabla, a la cama vieja, a las normas , al aparato genital que trajo en suerte la loto de los boleros y lo establecido.
    ..
    Así que yo sólo te diré felicidades .
    Y que cumplas muchos más.
    Petons.

  5. Mira noi, no t’havia llegit des de feia uns dies, però no et massacris massa i intenta nedar. Parlant de naufragis i sense saber el que havies escrit, ahir vaig pujar això a youtube. És una peça una mica desesperada, però que també toca el tema:

    Una abraçada des de Xalapa i encara que ja hagi passat, per molts anys, Pedro!

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