De cada uno de nosostros depende que sea claro y posible

Tras varios días encerrado en casa dándole vueltas a la sentencia, y documentándola tratando de entender qué implicaciones tenía, y maldiciéndola, me subo al tren y bajo a la ciudad. Cojo conmigo los versos de Miquel Martí i Pol.
En Granollers me hago con Necrópolis, de Pahor, este señor de la foto, que relata su visita a un campo de concentración y la aprovecha para rememorar los días de infierno que en él pasó. Siempre, cuando una emoción me embarga (a mí, que soy pobre hasta lo inembargable) y me arrastra, trato de contrabalancear mis sentimientos con una dosis (ducha fría) de pensamiento negativo más potente. Al punto echo mano de las memorias y ensayos de los deportados de la barbarie nazi, las crónicas de Kolymá, los sesudos estudios sobre la descomposición que siguió a la crisis del 29 y que dio auge y vientos al fascismo y al totalitarismo rojo. Sírvenme estos testimonios para poner luz en la ofuscación.
Pero todo se tiñe con el vidrio tintado de la decepción sufrida, con el desorden de las cartas desmoronadas de un castillo de naipes plurales que no hay manera de sostener, que no se quieren sostener; triste castillo (triste Castilla) que ha preferido despeñarse a ser diferente de la idea que de sí mismo tiene.
Leo en el tren. Y de continuo me llegan ecos desde lejos que apuntan al ahora. Boris Pahor es un autor esloveno, de Trieste, maltratado en Italia, maltratado luego en Yugoslavia y maltratado por haber sobrevivido a la Shoah. Y escritor de los buenos, con un estilo que disecciona sin perdón el ayer y el hoy con la misma lucidez aguzada por el temple de aquellos que atravesaron la muerte. Libro que guardaré en el anaquel donde ya están Levi, Antelme y Wiesel.
Leo:
La noble rebelión contra una realidad injusta es lo máximo que podemos hacer para salvar la dignidad humana. La superación de una realidad miserable es una gran herencia que debemos transmitir de una generación a otra y ya está tan unida a nuestros genes que ninguna fuerza podrá arrancarla de nosotros.
Y pienso en aquellos que, a este tiradero de palabras y miedos libres, vienen a repetir en sus glosas que lo importante son las condiciones de vida, la edad de jubilación, el 5% de sueldo rebajado, las colas en los ambulatorios, los barracones donde estudian nuestros hijos. Y que las banderas se la traen floja. Tienen razón. Las banderas no son tan importantes. Tienen razón, sí: es la razón de aquellos a quienes una bandera y un estado ya protege de las intemperies.
Se nos discute si somos o no somos nación. ¡Qué discusión tan torpe, tan innecesaria! En el prólogo a la edición de Anagrama del libro de Pahor escribe Claudio Magris:
La nacionalidad es un valor intrínseco en cuanto no es un hecho de la naturaleza, sino de lo que se siente y a veces se opta por ser.
Poco puede discutirse, si ha quedado claro que en la nación española no cabe ninguna otra. Así que el 10 de julio, en nuestra capital, podremos decirlo alto y claro: Somos una nación, nosotros decidimos. Muchos, tras la sentencia, hemos optado.
Pregunto a mis padres si irán a la convocatoria. Mi padre dice que no lo ve claro, que no sabe quién ha ganado. Digo yo: “¿Pero está claro quien ha perdido, verdad?” “Sí, está claro que otra vez nos han tomado el pelo”. Mi madre me dice: “No te signifiques, hijo”. Contesto: “Si ahora no, ¿cuándo?”. Insiste: “Te vas a buscar problemas…” Claro: comprometerse es buscar problemas, sí, para intentar resolverlos, para poder ofrecer a mis hijas un futuro más rico, más digno. Y añado contra ese miedo de post-guerra que desde su admonición asoma: “¿Tienes miedo de que vengan otra vez los grises? ¿Tienes miedo de que llamen a mi puerta a deshoras?” (“¿Qué busquen aquesta gent, que piquen de matinada?”)
Ahora Cataluña ha oído lo que Sepharad tenía que decir. Ahora nos toca a nosotros. Pienso en eslóganes:
  • “Tenim sentència: volem la independència”.
  • “Ha parlat el Tribunal, ser català no s’hi val”.
  • “L’Espanya Plural, se l’ha carregat el Constitucional”.
  • “España sense Catalunya, més sola que la una”.
  • “Independència i Dignitat, amb un país de veritat”.
De noche, ya de vuelta en casa, escucho por la radio a Jaume Cabré. El escritor es su lengua, dice. Cierto. ¿Qué he de pensar de mí, cuya lengua es el castellano y no me siento español? Es otra contradicción más que he de añadir a mis cualidades. Otro pequeño apunte a la lista de asuntos pendientes.
Me desnudo, me ducho, me seco mal para tirarme mojado sobre la cama y tratar de engañar al calor. Abro el libro de poemas que hoy ha recorrido a ciegas el litoral, sin salir del bolsillo. Lo abro al azar. Suelo hallar en sus versos una sabiduría liviana, ligera, certera, como de camino solitario entre huertas al mediodía.
Me duermo con estos versos:
De casa estant escric aquests mots d’esperança.
S’escola, lent, el temps per vials del capvespre
i el pou dels anys és ple d’aigua clara de somnis.
Som el que volem ser, i cap vent no pot tòrcer
la voluntat tenaç que en nosaltres perdura,
que hem de transmetre als fills amb urc i humils alhora,
perquè en facin també, com nosaltres, bandera.
Escric de casa estant i no em dol el silenci,
car amb mots que no dic, i amb els que dic, tal volta,
s’arbra el futur de tots i el goig de construir-lo.
De cadascú depèn que sigui clar i possible.
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5 Respuestas a “De cada uno de nosostros depende que sea claro y posible

  1. Et deixo aquest comentari aquí perquè a la pàgina que li pertocaria, “Pedro Lluch, logógrafo”, no hi ha espai de comentaris.
    Remetent-nos a l’etimologia, un “logògraf” vindria a ser simplement algú que desa paraules per escrit, tal vegada com a activitat professional. Si, per una banda, la definició ens pot semblar del tot evident, per altra banda la paraula mateixa ens pot causar una certa sorpresa, oi? Algú que desa paraules per escrit?! Que no ho fem tots, això? Però és clar, nosaltres som hereus de Guttenberg, la paraula escrita ens és tan natural i propera com el pa de cada dia, i el fet de conèixer la forma gràfica d’una paraula no ens fa mereixedors de cap mèrit especial. Això no sempre ha estat així. Expliquen que quan Colom va arribar a les Amèriques, una de les coses que més desconcertaven els nadius era la costum dels europeus de seure’s en silenci mirant uns plecs de fulls blancs tacats de símbols estranys. En una cultura fonamentalment oral en què l’escriptura estava a l’abast de ben pocs, el concepte de “logografia” es revestia de tot el sentit. Nosaltres, tan avesats a l’escriptura, ja ni tan sols hi veiem la part mecànica, purament gràfica d’aquesta pràcica. Un escriptor és molt més que algú que sap lligar lletres: és algú que es mou entre conceptes. En canvi, quina impressió, quina meravella els devia produir en veure com mots plens de sentit es reduïen a cues de simbolets estranys!

    Pel que fa el teu post, el subscric integralment.

    Sort!

  2. He leído angustiada una parte de su post, que me recordó a mi padre cuando nos decía que él cerraba la puerta, y se iba a dormir tranquilo por la noche.
    Para ser sincera no sufrí ninguna represalia del Franquismo, pero si viví el ambiente de miedo y desconfianza.
    Si, temo que esos vientos puedan volver, si, no es descabellado que en una Europa en crisis, gobernada por la derecha y con aumento de la ultraderecha, no es un disparate pensar en una vuelta al fascismo. Probablemente yo no lo veré, pero lamentaría que mis hijos y nietos vivan en ese mundo

  3. Jo NO aniré a una orgia convergent, una veritable trampa on fanàtics de la bandera i la superioritat ètnica acorralaran a Montilla i a qualsevol sospitós de dissidència.
    No es per defensar l’estatut, és per fer-nos creure que som un poble escollit i que tenim dret a imposar la nostre voluntat sobre la llei i la justícia, uns plantejaments que res tenen de progressistes i molt de carlí.

    • Arqueòleg, se’m fa incomprensible que “la ploma més àcida de la xarxa” accepti tan tàcitament la deliberació del TC com a expressió inqüestionable de “la llei i la justícia”!… Potser, mentre uns es lliuren al fanatisme, n’hi ha d’altres que pequen d’una certa ingenuïtat, no creus?
      Per cert, què hi té a veure la “justícia”?? Parlem de lleis, no de mossos d’esquadra, i en cap cas parlem del que és just.

    • Justament, Arqueòleg, perquè hi ha risc de que allò esdevingui, com tu dius, una “pañolada” de senyeres, els que no compartim aquest punt de vista dels “fanàtics de la bandera i la superioritat étnica” hem de sumar-nos-hi, afí de ser tots presents, per que, quan a l’octubre arrasin a les eleccions els nois d’en Mas, no s’oblidin que hi ha més gent que no pas ells solets al món.

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