Volver al lío

La frase la tomo prestada de una amiga: “Bueno,” me suele decir, “te tengo que dejar: vuelvo al lío”.

Al “lío”, que pueden ser listados de clientes por repasar, montones de ropa por planchar, o una habitación que hay que ordenar, o la comida de mañana que hay que preparar antes de meterse en la cama. Un lío grande, un lío menudo, un lío escurridizo y montaraz, esquivo, otras veces majestuoso y lento y verde y espejeante como el Nilo.

El “lío”, al cabo, en el que uno no puede bañarse dos veces, como bien sabía Heráclito. También el “lío” al que siempre hay que volver, el continuo discurrir del tiempo.

Ansío volver a mi lío particular, a mis papeles, a mis correcciones, a mis cuitas y cabildeos con los diccionarios. Pero eso será el lunes, no antes. Porque antes iré a pasar calor a Barcelona. Para no dejar solo al President, para no quedarme fuera de la pequeña historia de mi país que se reúne para alzar su voz y su enfado. Catalina (pescando la metáfora en las nubes) tiene derecho al pataleo, después de lo que le han hecho. Y es evidente que las cosas no volverán a ser como eran.

A partir de septiembre los comicios aclararán el panorama. Ahora es momento de estar juntos y de decir alto y claro (cinco por cinco) nuestra contrariedad. No nos gustan las maneras que con nosotros gasta España, ni los modos, ni el coste de seguir de como estamos. No nos gusta sentirnos rechazados por decir lo que somos (Som una nació).

A muchos, además, no nos gusta que nos saquen de donde estábamos intentando acomodarnos.

He leído estos días libros viejos, de la biblioteca de mi abuelo. Por ejemplo Per la concòrdia (1930), de Cambó. Libros sobre la vertebración de España de Ortega y Gasset. Libros sobre Prat de la Riba. Libros que acumulaban polvo en los anaqueles, a los cuales jamás había prestado atención, porque hasta ahora no me sabía catalanista. Mi padre me llevó a ellos cuando le presté A favor de España y del catalanismo de Joaquim Coll.

Pasma descubrir que los problemas del año 27 perduran, que los planteamientos del 31 no han sido resueltos, que sigue las mismas demandas, que continúa el mismo enclavamiento en las mismas posiciones, de unos y otros, nacionalistas retroalimentados unos y otros por la parte contraria. Tras tantos años de pugna, es tiempo de zafarse de achacosas ligazones que impiden caminar. Es tiempo de deslastrarse. De España mediante una secesión pacífica y por las buenas (esto es: con pedagogía y urnas); pero también del nacionalismo de tenderos cortos de mira que pronto se harán con el poder. Por eso no podemos dejar solo a Montilla en el día de la manifestación. Porque ha demostrado que ha asumido una visión generosa y abierta de España, la ha defendido, y se la han tumbado (como a muchos de nosotros, le hayamos votado o no). Se ha roto una manera de ver las cosas. Se ha colmado un tanque de paciencias.

Y será importante, en esta fase que ahora se abre hacia la independencia, contar con partidos cuya política sea catalanista mas no nacionalista. Porque si no seguiremos yendo y volviendo a ir a la greña, al lío. Y en el lío no puedes bañarte dos veces. Ya lo dejó dicho Heráclito.

El sábado hay que estar sudando la camiseta en Barcelona porque es el primer paso hacia otra cosa. Y los que no estuvimos, por edad, en las discusiones del 75-78, ahora hemos de dar un paso al frente: ahora nos toca a nosotros.

Som-hi!

Serem el que volguem ser.

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