César

Plutarco, contando la vida de Julio César, cuenta que al iniciar su carrera política se apoyó en el lustre de la vida social que patrocinaba, ofreciendo cenas y convidando a lo mejor de la sociedad romana de su tiempo. Eso provocó envidias de los patricios, quienes veían el nacimiento de una estrella en su cerrada sociedad de intereses:

Miráronle algunos desde luego con displicencia y envidia; pero en cierta manera lo despreciaron, persuadidos de que faltando el cebo para los gastos no llegaría a tomar cuerpo, y dejaron que se fortaleciese; pero cuando ya era tarde advirtieron cuánto había crecido y cuán difícil les era contrarrestarle, sin embargo de que veían que se encaminaba al trastorno de la república: teniendo esta nueva prueba de que nunca es tan pequeño el principio de cualquiera empresa que la continuación no lo haga grande, tomando el no poder después ser detenido del habérsele despreciado.

Subrayo yo para traer esta reflexión hacia las aguas revueltas de mi molino catalán. Algo así ha pasado: el cinismo patriotero de baja estofa y cargado de partidismo de corto alcance del PP, más la desidia miope del jacobinismo del PSOE, más los furores uterinos de ERC, los postulados de IC-V y las dudas del PSC han traído estos lodos que serán ganancia de pescadores y caladero de votos y de mayorías para los botiguers de CiU. Y tiene uno la impresión que el 10-J marcará un principio de algo nuevo, de manera irreparable. Por haber despreciado a una parte importante de la población española, España se quedará sin ella. España manca, Cataluña liberada.

Porque las cosas, desde luego, no podrán seguir siendo igual. Ya las primeras encuestas muestran el viraje y el escoramiento de Cataluña hacia algún tipo de secesión. Higini Herrero (en sus calidad de artista infográfico) lo muestra claramente:

Compárense las barras grises con las verdes: efectos fulminantes de la sentencia del TC.

Se acumula todo al pasado, y éste empieza a pesar: obsérvese esta fotografía vintage del año 32 en las Ramblas: ya entonces las reivindaciones eran las que siguen siendo ahora.

Dice la pancarta: “Volem l’Estatut tal com l’aprobà el poble de Catalunya”. ¡Y seguimos igual! O peor: Hartos al cabo, muchos somos los que hemos decidido que no hay manera de estar integrados en España.

De ahí el “Adéu Espanya!” que tanto se oye.

Ahora sólo nos falta un César, hábil, valiente, generoso, que se ponga al mando y lidere lo mucho por hacer.

La inquietud aparece al asomarse al panorama: yermo, desierto, erial, despoblado de héroes, de personas con ambición de estado, con voluntad de sacrificar, con capacidad de comunicar, con un programa claro, aceptable, generosos con las muchas partes implicadas, imbricadas, liadas. Con alianzas internacionales y un discurso que una a todos.

Seguiré leyendo, bajo las canículas de Ponent, las Vidas paralelas, tratando de hallar paralelismos entre los clásicos y nuestro panorama político actual. Aunque témome que éste último es un plato de espaguetis: en él las paralelas son imposibles.

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2 Respuestas a “César

  1. Gràcies per això d’artista… 😉

    Molt bona la foto del 32…

  2. Ajaja aquesta enquesta està més manipulada!! Els referèndums independentistes i El Periòdico van donar uns resultats d’entorn al 16-19% molt més creïbles!

    I els referèndums els van organitzar els mateixos indepes!!

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