Jardín zen casero

A menudo el miedo desarbola certidumbres, y echa por tierra los frutos del tiempo, a veces con un simple viento al que nadie invitó y que se acabó colando por las rendijas que siempre se nos abren en el alma; es cuando parece que el mundo se hunde a nuestros pies y en derredor nuestro.

En ese caso, me dijeron, bastará con no-hacer, según la sabiduría de los diez-mil hombres que supieron, hace mucho tiempo, lo que era el Tao. Bastará con respirar hondo y, desde la hondura de la respiración, volver a renacer. Me dijeron: Coge un balde, llénalo de agua, toma una cuchara y haz que el agua dé vueltas sin cesar, y persevera; no permitas que el agua pare de dar vueltas; mientras, no pienses en nada, limítate a hacer girar el agua en la palangana; concéntrate en el agua que gira y gira y gira hasta el mareo, sin descanso; y no pienses en nada. Me dijeron: Sal, tú que eres vagabundo y errático huidor, al camino y recórrelo otra vez, y no te importe ni el tiempo que tardes ni lo que te depare el destino, porque, me dijeron, un día, cuando encuentres la piedra que estás buscando, cuando cargues con ella un trecho y sientas su peso, y sientas durante un par de horas, o tres o seis días seguidos, cómo te duelen los brazos de cargar con ella, cuando hayas observado con qué facilidad la llevas, con qué dificultad la cargas, cuando  aprecies sus cantos, y cuando disfrutes de su textura, de su rugosidad… Entonces, me dijeron, entonces llegarás a un puente: asómate y tira la piedra al río. Me dijeron que de este modo andaría más ligero. No me dijeron que si no hubiera cogido la piedra también hubiera ido ligero –pero eso lo aprendí a posteriori.

Salí al camino. Encontré piedras. Cargué con ellas. Recorrí el camino, pero no hallé el puente, ni crucé ningún río. Así que volví a casa con mis piedras, con mis dudas, con mis miedos y con mis interrogantes.

Y en el antepecho del ventanal translúcido del salón de mi casa compuse este jardín zen casero y de bolsillo, para mirarlo cuando no tenga fuerzas para echarme al camino a buscar un puente que me permita cruzar al otro lado de mis miedos.

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2 Respuestas a “Jardín zen casero

  1. interesante post e interesante blog. Me lo apunto.

  2. A veces las piedras forman parte del cuerpo .
    Algunos tienen que recurrir al riñón para deshacerlas.
    Pero yo, que tengo chepa y ya se sabe que la chepa es la interrogante que representa un alma confusa , no sé por dónde escapar .
    Y encima adoptando una bella y arrugadora castidad .
    En fin .
    (veo q estás bien , muchos besos):

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