Mis tardes con Margueritte

140kilos de colosal Depardieu enzarzado en duelo interpretativo con un pajarillo de huesos frágiles y personaje contundente, la veterana actriz (95 años) de la Comédie Française Giselle Casadesus.

La Tête en Friche, que en la Península se llama Mis tardes con Margueritte (sic con dos tes),  es una película tierna (sin ser lacrimógena), inteligente (sin caer en la pedantería), entretenida y bonita, una bella historia de amor donde no hay pasión ni sexo (bueno, un poco sí, pero no con la actriz casi centenaria) ni traiciones. Hay ternura, hay personas abriéndose, desplegándose, descubriéndose. Y asiste el espectador al milagro del aprendizaje de una analfabeto funcional de la mano de una dama en declive.

Un banco en un parque, frente a una docena de palomas, es el escenario del encuentro. La Literatura, el hilo que primero les une y luego la urdimbre de la historia que se despliega ante nosotros con simplicidad, sin cabos sueltos, con humor, con puntos de crítica ácida, con un costumbrismo que refleja bien la realidad social de la Francia de hoy en día.

Me ha gustado, me ha gustado mucho. La recomiendo.

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