Carpe diem

Un contrato de trabajo es un vasallaje puesto por escrito. Acuerdo, convenio, en latín es foeudus.

Dos partes, ambas contratantes de igual a igual en teoría, se reúnen y acuerdan que la primera parte contratante acepta retribuir un importe equis de dinero a la segunda parte a cambio de equis horas de trabajo de la segunda parte en provecho de la primera.

Un contrato de trabajo es un documento que acredita que aceptamos entregar nuestras horas a cambio de un precio.

Mi trabajo vale equis, dirá uno. Otro opinará que el suyo vale equis por tres, mientras que habrá quien se contente con un tercio de equis. Habrá una primera parte que no querrá pagarle equis al primero, pero tal vez sí acceda a pagarle tres cuartos de equis (más un bonus a final de año, para que pique y muerda el anzuelo, esto es: para que firme el contrato y amarre sus horas al yugo).

La paridad entre las partes es discutible: hay más trabajadores que empresas, ergo éstas últimas pueden escoger más y mejor. El trabajador, por su parte, puede competir con sus iguales (igualmente postulantes a ese mismo puesto de trabajo al que aspira) mejorándose, acrecentando su valor: yo pido equis pero además de mis horas te doy una carrera, una especialidad, unos idiomas o un divorcio recién salido del horno que me hace apto para viajar a países a los que poca gente desea ir, por ejemplo.

¿Pero cómo contar las horas? ¿Cómo poner precio a algo tan precioso?

Precioso porque estamos en la tierra un el tiempo apenas de un aleteo, 40 años, 60 años, 80 años. Nuestro valor en el mercado hemos de multiplicarlo (¿o dividirlo?) por tantas horas como seamos capaces de rendir al vasallaje suscrito al firmar el contrato. Aquí juega la estadística, los hábitos de vida y la herencia genética. Hay personas longevas y otras que no lo son tanto. La cuenta, sin embargo, porque somos ciegos al futuro, es imposible.

Carpe diem, quam minimum credula postero dejó escrito Horacio.

Sólo y solamente tenemos el aquí y el ahora, no más: no creas en el futuro nos dice el vate latino. Y corre el tiempo, huye, se escurre. Se pierde.

Se pierde yendo a trabajar. Alimentándonos para recuperar fuerzas tras la dura labor. Descansando luego para recuperar fuerzas para seguir al día siguiente malbaratándolas en un trabajo poco agradable, repetitivo, alienante, cuyo provecho (a excepción del magro salario estipulado) va a engrosar bolsillos ajenos (probablemente ya muy crecidos de por sí) del propietario del huerto, del industrial del taller, de la corporación de quien es la fábrica, del ministerio, de la tiendecita…

¿Por qué todas estas horas no cuentan? Si he de madrugar y conducir un par de horas para estar en mi puesto de trabajo, ¿por qué estas cuatro horas no se consideran?

Porque no tenemos consciencia, en general de cuán corta es la vida. El trabajador, y peor aún el proletario, no tiene consciencia del tiempo que se le escurre. Y entretanto va cambiando de canal, o decide a qué centro comercial quiere ir a dilapidar lo poco que tiene (tiempo y dinero por  igual).

El nuevo socialismo (algunos le llaman post-marxista) debería incidir en levantar el velo que ciega a tantos, debería descubrir el valor de ser persona, y luchar por que sean muchos, millones, billones de personas las que, al cabo del día, recuerden que es obligación de todo ser humano dotado de consciencia el realizarse, la inembargable obligación de ser feliz.

El socialismo, la social-democracia, se ha desvirtuado en el management, en la pura gestión, olvidando valores, olvidando el mundo mejor al que pretende aspirar.

El nuevo socialismo debe recuperar un punto revolucionario, pero debe ser una revolución interior, personal, íntima.

Ha de inscribirse el carpe diem en la piel, y hacerlo realidad en la manera de vivir cada día aquí y ahora.

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3 Respuestas a “Carpe diem

  1. Será casualidad? El ad de Google que aparece bajo tu post es “Asesoramiento en despidos”… Anyway, que sepas que esa “revolución interior, personal, íntima” ha sucedido ya. Un hombre se soltó la corbata, abrió a dos manos su camisa, saltaron los botones por los aires, y apareció ante nosotros… L’increïble home normal! L’heroi de les petites coses!

  2. Tienes toda la razón, pero en estos tiempos que corren todo eso ha pasado a un segundo plano (por lo menos yo lo he hecho así)… me siento tan afortunada de tener trabajo que cuando me planteo todo lo que estás diciendo pienso.. ‘hay un montón de gente que no pierde dos horas en ir a trabajar porque no tiene trabajo y le encantaría…’. Creo que esta crisis nos está afectando mucho en eso: en no exigir y que eso, en cierta manera, está beneficiando y mucho a los empresarios que van bien. Este tema realmente da para mucho..

  3. Ariadna Menéndez rodríguez

    Ay desdichados¡¡ Trabajo trabajo, siempre el trabajo, qué costoso, cuántos años, que cansao¡¡¡
    Yo me remango cada mañana y me digo: y ahora, qué hago?
    Bailar un 60´s beat, nada mejor para quitarme algo de cintura, gimnasia increíble, pos no me río yo ni nada, porque bailar me gusta más que teclear un recitao¡
    Luego me digo: tengo sed, pero de algo caliente, que además me reconforta, y tranquilamente, voy a abrir mi paquete de café en grano, y lo muelo hasta que ése olor tannn rico me salga por algún diente, y esperar, pacientemente, mientras que escucho a la vecina gritarles a los niños que se hace tarde como la grulla reencarnada que se cree que es, pobre¡¡ los dos¡¡ la oigo protestar, portazo, escaleras abajo, algún día alguno se escalabra, y si no al tiempo…. que las prisas no son bueeenas, que corra el Papa, que corra el Rajoy, que corra el Botín, pues… si¡¡ corren por SU botín de cada día, que es vuestro sudor, mal llamado pasta. Y lo permitís, lo per mi tís¡¡ Que el trabajo no dignifica, que loque dignifica es esperar la inspiración, y darle camino, o crear lo que más te gusta, o luchar por otro mundo pero ya de verdad verdad, diciendo: se a ca bó, fuera el delantal¡¡ o empeñarte en aquéllo que te contaste en voz bajita frente al espejo aquél 82,…..
    Que el sistema se come cualquier cosa, que se lo com etodo, que se está mejor en la buhardilla fría pero llena de arte y amor con final infeliz de la Bohéme, que en el adosao mal pagao o embargao que te tié to el santo día acojonao y amargao,
    Que tengo tiempo para todo, hasta para saber lo que no soy, fíjate tú, porque el tiempo es oro, y por eso lo tiro, y el bien objetivamente más valorao en ná pa cualquiera que tenga dos dedos de frente, que yo no he nacío pa seguirle el sarao a tanto depravao¡¡ Prefiero estar filosofando todo el día y cantando como la cigarra ex amiga de la hormiga, que es el placer hoy en día mejor pagao.
    Quered poquito, poquitas cosas, enamoraos, os aseguro que está chupao, tecleadle al mundo desde todos lados, estad con los vuestros atiborraos, partiéndoos la caja como está mandao.
    Tiempo, austeridad en to menos en los sentimientos, que el Ono es un pikito, y el piso entre tres se paga tantito, en lo que no le dés al pollo estofao y con las resistencias hemos dao¡¡
    Que los tiempos han cambiao, que se debe hacer loque se quiera, por arte, por vocación, por solidaridad, por intercambio, y porque yo lo valgo, seamos más truhanes, y menos señoritingos, que nos han sorbío el seso, y por el cu… te la hínco¡¡
    Se puede trabajar, en lo que no borremos el dinero y sus pelaos de este mundo cruel, pero lo justitito, y mandar al carajo a bancos, programas cotilleo del 5 o del patio de al lao, que cada vez estoy más guapa, y no necesito ni maqueao, porque, si les dejamos seguir así, el aire nos será cobrao. Tiempo al tiempo, tiempo al tiempo.
    No consumamos, nada, paremos diez minutos de preocuparnos por tó, y digamos, ANDA Y KE LE ONDULEN¡¡
    Si lo hacemos tos juntitos, nos reiremos un poquito, yo acabaré antes de hacerme el gazpacho, que es Navidá, y vosotros, de quejaros. Ahí vá, las bengalas¡¡¡
    Un abrazo fuerte, y que la fuerza os acompañe, Ariadna.

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