Jornadas de reflexión

Durante tres semanas dejé el blog abandonado y silencioso. Necesitaba tiempo para mí, tiempo para pensar en mi “alta cumbre”, como dije grandilocuentemente aprovechando un verso de Garcilaso.

De estos 21 días he sacado (que no es poco) este esquema con anotaciones. Poco dice, pero yo lo entiendo. Es como un mapa que debiera guiar mis letras hasta el punto final y sin retorno del “¡Al fin!”

He visto nubes perennes en los altos riscos y en ellas me he adentrado. Me he perdido por las sendas que a la cima llevan. He navegado en la goleta de Cutty Sark, he caminado con Johnny Walker; mas ni he llegado a puerto ni he coronado mi meta. He visto, eso sí, nuevos paisajes. Me han dado por culo. He recorrido las calles blancas de Gràcia con la luz del sol rasante, a primera hora de la mañana, cuando aún los tenderos no han abierto. Me han dicho te quiero aunque no sé cómo. He subido a los autobuses urbanos y me he apeado en esquinas que no conocía, que he aprendido a conocer. He tragado asfalto hacia el norte y hacia el sur. He salido contento de mis clases de francés tras días estragadores. Me han pedido que no me sienta estafado si mis afanes y afectos, al cabo, nada logran. Me adentré en un bosque y despeiné sus risas, que se inflamaron, y ahora asisto al incendio con remordimientos de pirómano. He llamado a la belle dame aux yeux bleus para dar la bienvenida a un hijo que no podía ser mío, y eso me ha entristecido. Me he sentido solo, como cuando tuve diarrea en Teherán, como cuando paseaba por Tallin, o como aquella otra vez en el aeropuerto de Suceava a las cinco de la madrugada (nevaba y era de noche). Soledad en el hotel Al-Djazzair, soledad luminosa de Sétif, inmensidad de la hammada en  Hassi-Messaoud, o divina soledad en el Empty Quarter omaní. He vuelto a sentir la tremenda soledad que puede uno sentir recorriendo los polígonos industriales de Damasco, o la bulliciosa soledad de los pabellones feriales; pero ahora sin el lenitivo de un buen sueldo a fin de mes. He cerrado bares y recorrido a ciegas la ciudad mientras amanecía, con besos acartonados en la piel. Un conato de fiebre me hizo delirar, un pálpito de dudas me amarra a la inacción. Aprendí, conversando con un lector de este blog a quien no tenía el gusto de conocer, que el personaje impresiona más que la persona. Supe también que no soy el personaje, aunque los demás me vean, ellos sí, como un personaje. He olvidado cómo se suma el 18% de IVA a la nada de mis desvelos. He acompañado como he podido, desde 620 kilómetros de distancia, el dolor de mi hermana, y como he podido me he asomado a su ventana, para decir, con voz de frío, que aquí sigo. Me he perdido en las nubes, y siento que busco otras donde perderme aún más. Me apunto a singlesbarcelona y pienso (no sé si con nostalgia) en sobremesas de sábado en casa de los suegros. El batiburrillo de dudas resulta emético. La teniente me arenga por teléfono: “¿Si vas de explorador por la vida, cómo no vas a encontrar exploradoras?”. Le doy las gracias por la verdad de perogrullo. Cuelgo. Y me entra sed inmarcesible de limoncello, de humos verdes. Ni he de sentirme personajillo, ni he de olvidarme de la persona.

Miro el esquema, el burdo croquis que he dibujado, donde figura, con trazos resacosos, todo cuanto quiero acabar de escribir. Contiene la trama en pocas viñetas del final de mi novela, que ya tiene título y 140 páginas; aún no tiene final;  no sé si tiene futuro. Temo quedarme sin tiempo. Los miedos libres revolotean en el vientre, no como mariposas de amor previas a una cita, sino con furia, como retortijones marrones y hediondos que no acaban de vaciarse. ¿Y si todo el esfuerzo de este año y pocos meses no hubiera servido de nada? ¿Por esto (por este temor) no sé rematar lo que he de acabar?

Hartazgo en grado sumo, crisis económica (estado natural de mi economía doméstica por más que haga –y hago mucho), desaliento y desánimo, crisis existencial y cojones insomnes. Estic moix, en la bajura más honda de mis altibajos emocionales. (Tranquilo, chico, todo pasa, todo pasa, me digo desde el raciocinio desarbolado de estos días.)

Objetcs in the mirror are closer than they appear. Esto se lee en los retrovisores de los coches americanos. So closer are they que dan miedo, los objetos que miro en el espejo de mí mismo. Y quisiera pasar del otro lado del espejo. Y esconderme por siempre en la chistera del conejo. O en un conejo.

Perseverar en la exploración, sí, mas no hacia afuera, sino hacia dentro. “Entremos más adentro en la espesura” pedía la amada al esposo (en el Cántico espiritual).

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4 Respuestas a “Jornadas de reflexión

  1. Me gusta , de todo lo que dices, el personaje de la teniente , aunque diga perogrulladas.
    Besos , bonito esquema.

  2. NO sé por qué no sale mi comentario.
    No sabía que hubiera censura .
    Jeje.

  3. Peter
    Don’t think! ACT!
    🙂
    Te quiero
    La teniente…
    que dice perogrulladas!
    (manda huevos lo que tengo que leer de buena mañana…ainsh)

  4. me gusta, sencillamente. El texto, para mí, tiene un ritmo perfecto.

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