Un retorno

Sintió el brusco contacto del tren de aterrizaje con el asfalto. Se despertó. La cabina tembló. Por la escotilla vio el paisaje y lo reconoció, reconoció también los edificios y la luz de invierno en su ciudad. Se desperezó mientras el Airbus 319 se movía por la pista hacia el finger de desembarque. Entonces ocurrió.

Se soltó el cinturón de seguridad y un par de veces hizo chasquear el cerrojo con la hebilla. Clac, clac. Le gustaba el ruido. Sonrió, se acordó de muchos otros viajes. De muchos otros retornos. Pero entonces se dio cuenta de que no tenía a nadie a quien enviar un sms diciendo que ya había llegado, que estaba a punto de llegar.

Se levantó, se puso la americana, recogió su chaquetón, se colgó del hombro el maletín y desembarcó. Cruzó la nueva terminal del aeropuerto sin prisas. Pagó con la tarjeta de empresa el parking y encontró el coche en su sitio. Metió el maletín en el maletero, se sentó al volante, metió la llave en el contacto, puso las dos manos en el volante y lloró un rato. Sin prisas. Nadie le esperaba en casa. Se sentía cansado, derrotado. Muy triste. Muy solo. Así solían ser los retornos, tras las ferias; eso no era nuevo, era gato viejo; pero esta vez el puyazo que lo atenazó al llanto fue un sms que se le atragantó sin tener a quien mandarlo.

Al dar el contacto se encendió también la radio, y empezaron a sonar los compases finales de una polka. Maniobró el coche  por los pasillos, entre coches estacionados y columnas, y lo llevó a la carretera; se incorporó al tráfico mientras el locutor reseñaba un nuevo disco y presentaba otra pieza, ahora de música de cámara, música barroca que fue sonando durante todo el trayecto hasta su casa, llenando con su languidez anestésica el habitáculo del coche.

Se desnudó al llegar a casa. Miró el desorden, y lo acrecentó tirando una camisa en un rincón, dejando los pantalones en una silla. Miró el teléfono. Abrió las contraventanas y encendió la calefacción. Bebió un vaso de agua y meó. La nevera estaba vacía. Se sentó en el butacón rojo del salón. Miró el teléfono. Suspiró con desgana. Muy solo.

Luego se dio una ducha. Mientras el agua corría por su piel se preguntó que para qué tanto desvelos, tanto trajín, tanta corbata y tanta amabilidad políglota de café malo en taza de plástico. Se vistió, pero ya sin traje; se puso sus tejanos, sus botas monteras, su chaquetón militar y salió a pasear por las calles vacías de su pueblo. Se restauró con un bocadillo en el bar, miró un rato el futbol verde que colgaba de las paredes y que tenía a la parroquia entretenida. Miró si conocía a alguno de los presentes. No. Nadie. Pagó y terminó la mediana. Sin prisas, nadie le esperaba. Al salir a la calle pudo ver la luna llena colgada entre tapias, blanca y alta, bien recortada en el frío de la noche acuchillada.

Mientras caminaba de vuelta a su casa sintió un peso en su hombro, un peso de maletín mal acomodado. Pero no era el maletín, porque lo había dejado en el despacho. Era el peso de las cosas mal hechas, de los silencios. Del desperdicio de tantas cosas, de tantos afectos. El peso en canal abierto de sus miedos libres, de nuevo presentes, de las moiras y de las furias y de las parcas todas juntas conjuradas, vivas y cojoneras como un loro en su hombro, un loro verde de pirata pata-palo, un peso en los hombros que le asfixiaba. Llegó a casa tratando de recordar…

¿Cómo era la canción? “… hahaha, y una botella de ron”, sí, así cantaban los hombres de Flint, John Long Silver y todos los demás: Black Dog, Billy Bones, el pirata ciego, Morgan… Sí, aquellos piratas borrachuzos y entrañables de La Isla del tesoro

…ha ha ha, y una botella de ron.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s