Desnudos en la piscina

Buscas la frágil quietud que se refleja sobre la lámina de agua, en el azul impertérrito de una tarde de sol, de trinos y de sombras temblonas en la brisa mansa de después de la siesta. Una tórtola, desde la fronda, acolcha el silencio con su gorjeo.

El sol pinta melosidades en los planchados céspedes, y tiñe de oros la corona de piedra artificial de la piscina  donde la pereza estira el tiempo con la piel, que se tensa para ceñirse perfectamente a la mínima expresión de no sé sabe muy bien qué, acaso la belleza de un cuerpo joven. La molicie susurra secretos que nadie se entretiene en desvelar, que se evaporan, transparentes. La mansedumbre de la tarde, con bovino tesón, arrastra horas de un lado al otro y las deja abandonadas en un rincón del jardín, cual montón de hierbajos y de hojas secas.

Con movimientos lentos, en algún lugar del césped, en su  laberinto de hojuelas y pinaza, una oruga se mueve, se desplaza, ondula su cuerpo, serpentea, se desliza lentamente y sin acabar de fijar un rumbo, sin acabar de tener prisa, sin acabar de estar quieta tampoco. Una avispa se acerca al agua, bebe de un charco, eleva el vuelo y desaparece con su zumbido de máquina diminuta.

Te llevas un dedo a la cara y me miras. Luego sonreirás. Pero tu sonrisa al revés no será captada por la cámara, y se perderá cuando mi recuerdo se derrita en el tiempo, o se extravíe definitivamente en la podredumbre de hojas secas que yace en un rincón del jardín. Ocurre a menudo, en las más diversas tesituras, que no coincide el deseo (en este caso el de conservar tu sonrisa) con la acción (simple, en este caso, consistente en pulsar el disparador de la máquina de fotografiar). Ocurre a veces que lo que es imposible no puede ser. Y a pesar de eso la oruguita sigue su avance dificultoso entre briznas, raicillas, agujas de pinaza, hojas en su mitad podridas, restos orgánicos del jardín que nos acoge. Otra avispa, o tal vez la misma, vuelve al charco a beber un sorbo de agua.

Te desperezas con gestos de gata. Te levantas. Entras en casa. Sales de ella con un vaso fresco de limonada. Te sientas a mi lado. Compartimos la limonada y una sonrisa. Y la tarde entera. Dejo el libro en el suelo, sobre el césped. Miro el verde, el azul, la casa, el parapeto de cipreses que cierra la intimidad de este jardín, locus amoenus, que es para ti y para mí, para nuestro aquí y nuestro ahora.

La oruga que no vemos sigue abriéndose camino por la selva en miniatura, como un caballero medieval en una floresta encantada. O como un minúsculo bichito sin importancia.

Ocurre a veces, sí, en que es preciso refugiarse en el silencio, encerrarse en la fantasía, huir a las Hespérides buscando las diagonales imposibles de un gesto, las armonías de piel fina y tersa, huyendo de la profundidad de un misterio que nos atrae, al que nos apegamos sin esperanza ni remedio y que duele y escuece.

Ocurre a veces, sí, en que basta admirar las cosas pequeñas que nos dan placer. Un sorbo de limonada. El ángulo que tensa tu piel sobre la cresta ilíaca. La tenacidad de la oruga. La sed de la avispa. La charla amena (o el silencio cómplice) alrededor de la piscina disfrutando del sol, del paso lánguido de la tarde. La luz tropical tornasola las casitas blancas del pueblo que se extiende frente al mar, peina las viñas verdes detrás de la cerca de cipreses.

Ocurre a veces, sí, siempre, solamente, que el único lenitivo para las heridas que deja el tiempo en la piel es el mismo tiempo.

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5 Respuestas a “Desnudos en la piscina

  1. El mundo se derrumba y tú siempre empalmado.
    Cómo te envidio, es otra forma de ser zen.

    Besos.

  2. No sé què és millor, si el text o les fotos…

    Posats a decidir, les fotos no fan cap ombre al text.

    Temps durs, amic. La Reyes, a qui no conec però em cau d’alló més bé, no podria dir millor les vibracions que provoques.

    Quan la imaginació es fa paraula i la paraula construeix desitjos, i aquests desitjos fan virtual la realitat, s’arriba al clímax.

    Fer reals els pensaments és una habilitat que no prodiga, i tu, en canvi, l’escampes com el falç al blat.

    T’envejo.

  3. Está claro que, ¨a pesar¨de ser hombre, sabes hacer más de una cosa a la vez..me gusta saber que, no solo tienes el corazón y la sensibilidad en la entrepierna,o, al menos, no constantemente :-))

    El éxtasis llega de mil maneras, con lo cual, no siempre de la misma… por eso es tan maravilloso!
    Petons, la sila

  4. Sila, no has pensado que tal vez la sensibilidad de Pedro le sale de la entrepierna? Aunque -según parece- sabe hacer dos cosas a la vez no deja de ser un hombre. Poco corriente ciertamente…

  5. Cómo olvidar las horas tiradas en enroscarme los pelitos de tu pecho, mi amor, alrededor del dedo.
    Cómo olvidar el gusto tierno de tu miembro indefenso cuando dormitabas, y la sensación en mi lengua de saberme Afrodita despertando a Morfeo de la manera más dulce que existe, sintiendo como, aún en profundo letargo, me sentías y aceptabas pues te llenabas de energía indolente, y crecías poco a poco en mi hambrienta boca.
    Cómo olvidar cuando me llenabas de luciérnagas la lengua y me besabas como solo los pájaros deben sentirlo, mientras tus ojos me decían te necesito, y tus manos no daban a basto entre mi espalda y mis piernas desesperadas por enlazarte por siempre jamás.
    Cómo pensar que se puede tocar el cielo físicamente, que tu cuerpo aprende a diluviar, que tu alma se siente justificada al fin, y hoy no saber de qué me sirvieron tantos besos alados, tantas caricias infinitas, siempre mejores, tantas conquistas sobre el mismo útero como si fuere cada vez un nuevo asteroide inexplorado, y el visitante, un amante diferente, cuántas caricias nuevas, cuántas ganas de hacer estremecer al otro, cuánta imaginación epitelial, cómo se puede ser así, uno se transforma en agua, en fuego, en aire, el imperio de los sentidos me parecía un chiste verde al lado de aquéllos momentos, segundos infinitos, días a veces, insaciables, inagotables, subiendo hasta que nos rompíamos de gozo, y volviendo a subir cuando ya parecía que era bacanal cerrada por aquél día…..
    Siempre lograba sacarte más, y más , siempre…..
    Porque mi hambre de tu cuerpo hermoso, decidido, felino, era insaciable….y mi ansia de tí, irresistible como la de un murciélago al olor de la sangre palpitante.
    Cuerpos enredados desde el principio de los tiempos, sudorosos de éxtasis animal, de abstracto semen, , inconscientes de cordura, bellos como el que más para su gozo, temblorosos al clímax, y derrotados, al fin, a la relidad de la carne débil de humanidad, para reposar, y volver a la más dulce de las batallas en la siguiente ocasión, que se paladea ya antes de cerrar los ojos, y dormir con ésa sonrisa que sólo dá el sabor del perfume del otro en tus labios.

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