Día de lluvia entre comillas

El día resplandece, tras el fin del mundo de ayer.

Ayer, espesas cortinas de agua impedían ver el mar, humedad absoluta, silencios acolchados por nubes densas que no cesaban de desaguar, durante todo el día, de la mañana a la noche, agua, agua, agua, con furia de cuento macondiano, sin piedad, sin resquicio ninguno a la luz, lluvia, lluvia, lluvia tras los ventanales.

Pero al día siguiente deslumbra el azulete recién planchado del cielo por todo lo alto, del mar a tierra adentro, sin arrugas, y casi diríase con olor a Norit recién estrenado. Los verdes de los pinares bullen de gotas a punto de caer, gotas díscolas que prefieren columpiarse en lo alto a ser embebidas por la tierra; brota la luz en las yemas de los árboles, de los arbustos; se desmelenan las matas de gramíneas. El sotobosque entero del pinar parece como si se estuviera peinando tras el ayer tormentoso que le desbarató la compostura de un invierno triste que, con trémula alegría hoy, da paso a la primavera.

Las horas apretadas y cabizbajas de ayer se abren con pétalos de luz. Manchones de Sol, resplandores en el mar, verdes fogosos que, al atardecer, amenazan con fuego de limones, tanta es la confusión cromática que sucede al día en blanco y negro de ayer.

Pasé el día de la lluvia encerrado en cláusulas que tuve que cerrar, perdido en fotovoltaicas dudas entre concesivas malhabladas y puntos seguidos sin tino que tuve que domar. A ratos me asustaban las cursivas. A ratos se despeñaba la lógica refusando los saltos de página de este concurso de caballitos de mar como amperios y megawatts que se desbocaban en las listas y en las tablas sin numerar.

Y al día siguiente, mientras se crecía el sol y se me colaba la luz en las meninges y entre las piernas y por dentro de la camiseta, seguí emperrado en rematar y seguir amasando en los ceniceros el sudor de mi frente (que suda comas, tildes y se tira pedorretas yámbicas sin saberlo).

Me giré, vi la luz. Salí a ella. Me la bebí luego en buena compañía, en una barra de bar, con las gafas de sol puestas, la botonera de la camisa desmandada y la ortografía de mis empeños de cara a la pared.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s