Torre Sangenís

La vieja casa, un año más, se dispone a abrir sus puertas al sol, al verano. Las ruedas de la tartana volverán a ser perchas para toallas y bañadores húmedos, se abrirán las puertas, se orearán los cuartos oscuros y los desvanes donde se acumulan mudanzas, silencios y secretos que, como telarañas al viento, se deshacen, se olvidan y pierden el sentido y la esencia misma del secreto que, se supone, eran.

Al frescor de la mañana sucederá el peso imposible de la canícula, que refrescaremos en vano en el aljibe, sobre cuya superficie verde de agua de río destellará el sol sin piedad; y luego seguirá la comida en la larga mesa puesta a la sombra de los pinos, y molestarán las moscas (sudanesas, zumbonas y cojoneras) que no pueden faltar, y el soniquete de la chicharras será la cortina sonora que faltaría si callase; y al postre seguirá la tregua de la siesta, en los cuartos a oscuras, despojados de todo y con paredes desconchadas, yertos los cuerpos sobre las sábanas, con la conciencia extraviada en el filo de luz que, como un bisturí, raja la oscuridad de arriba abajo con el rayo de sol que logra infiltrarse entre los portigos que nunca han ajustado bien. La luz de media tarde, marmórea, monolítica, se teñirá de malvas cuando decline el sol. En la fronda de los pinos gorjearán las tórtolas y silbarán los gorriones.

Así, poco a poco, como cada verano, se irán tejiendo los modos futuros del verbo. Con suavidad, sin resistencias (pues es imposible la resistencia bajo el sopor de la canícula), con molicie de ocio sin calendarios, con el rumor del agua del brazal que corre tras la casa, con el runrún de los niños jugando en la era, y la charla aburrida y constante de los mayores que han sentado su placidez en un corro de sillas desparejas a la sombra de un cobertizo, y sacan pastitas y un vasito (uno, no más) de moscatel dulzón.

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2 Respuestas a “Torre Sangenís

  1. Que dulzor queda en los labios… mmm

  2. Susana mabel nuñez

    Puedo sentir esta casa como mia, los olores, el calor, la oscuridad, el rayo de sol, la siesta reiterada, y mas de un vaso de vino ( que no era moscatel, en mi tierra se llama “tinto” acunada por las chicharras que inducen al sueño y a la tormenta.Hermoso articulo Pedro. Susana ( una mujer argentina)

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