Paisaje sonoro

De los silbos de los pájaros, y sus variedades.

Los gorriones diríase que pellizcan un pedacito de tiempo con cada uno de sus silbos, cortos, voraces, reiterados.

Los mirlos despeinados que hasta mi atalaya suben, más que silbos emiten chilliditos modulados en arpegios de tres notas un poco desordenadas, apresuradas.

También me visitan las gráciles tijeretas, con su chaqué de grises, negros y blancos que, saltarinas, timoneando su garbo con la afilada cola negra en alto, se paran a declinar el goteo de su canto líquido. Volutas leves que se elevan y deshacen en la brisa parada de la mañana.

Y oigo también el zureo de las palomas, grave, como pedregoso, que sube desde la pineda, seis pisos más abajo. Es el arrullo acolchado de la quietud, que al mediodía, si la calor aprieta, se espesa con ella y que, si se asusta, rompe el aire con el flop-flop-flop del batir de sus alas espantadas.

El ulular de las tórtolas, uhú-uhu, uhú-uhu, con esas sus notas graves, oscuras, se combina con la dulce, aguda y solar melodía de los jilgueros y petirrojos. El contraste de ambos silbos es bálsamo que ensimisma al alma más descarriada.

Y sobrevolando la densidad sonora de la mañana, cizallando el cielo con su vuelo de hoces eléctricas, dos golondrinas en formación trazan la curva tensa de su vuelo dejando el fugaz rasguño de su chiar herrumbroso.

Mi mundo pequeño no tiene mucho. Pero lo poco que tiene, si uno se para a observarlo, a escucharlo, a tocarlo, da para mucho. Y se queda corta la voz que pretende rendir lo que en verdad hay, pues la palabra es incapaz, por ejemplo, de escapar de la linearidad, incapaz de dar cuenta de la simultaneidad, de la densidad…

Hago lo que puedo, y llego hasta donde alcanzo, con esta mi voz coja. ¡Y son tantas las cosas que se quedan fuera!

Cuando no puedo más, me ensimismo un rato más escuchando en silencio el paisaje sonoro de esta mañana de aquí y ahora. No hay más. Sonrío.

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Una respuesta a “Paisaje sonoro

  1. Susana mabel nuñez

    Hermoso tu relato Pedro. La belleza de lo simple. Mi infancia transcurrió entre estos sonidos diferentes, al abrir mi ventana en el campo a la mañana, x las tardes de siestas con calor, x las tardes donde amenaza la lluvia, chicharras, benteveos, teros, calandrias, horneros,los chingolos con la voracidad que has comentado, las palomas apareándose en lo alto de un granero. la golondrina alineada en la altura.Por la noche, el chistido de la lechuza girando su cabeza advirtiendo el peligro, erguida en un poste…las ranas y los sapos.Las siestas con serpientes himnotizando batracios para tragarlos.Por todo eso me encantó tu familiar relato. Susana.

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