El expreso de Oriente nunca paró aquí

El sujeto echó a andar. Salió de madrugada, cuando apenas alboreaba el nuevo día. Con el sol alto había dejado atrás los últimos arrabales, y recorría caminos en el paisaje agreste que se interna tierra adentro, cruzando un macizo cárstico poblado de palmitos y carrascas, pinares y abrojos que dificultaban la marcha campo a través, obligándole a seguir los caminos pedregosos. Paró a comer a la sombra de unos pinos, en una ladera, mirando el llano que tenía por delante, que en los próximos días había de cruzar. Después de comer se estiró un rato. Extendió sus piernas y ventiló sus pies. Durmió un rato. En su duermevela se enredaron los zumbidos de los insectos como en una telaraña.

Al despertar se apresuró a recoger sus pocos enseres, se calzó de nuevo, bebió un trago de agua, orinó, cargó su mochila a la espalda y reemprendió el camino. Caminó bajo los vientres blancos de nubes que presagiaban una lluvia que los meteorólogos no habían previsto, y que al final del día apenas dejó caer seis gotas. Caminó sobre los caminos que bajaban al llano, desde las romas cimas montaraces hasta los viñedos. A lo lejos, a su derecha, despuntaba la caprichosa silueta de una montaña imposible.

Se adentró en la llanura eludiendo carreteras y pueblos, siguiendo caminos y sendas, vadeando algún que otro riachuelo, siguiendo las graveras de las rieras (comiendo higos cuando hallaba una higuera, por el mes de septiembre tuvo lugar la marcha, algunos higos estaban verdes aún –otros no, y al morderlos pensaba en sexos sabrosos y mofletudos) y se apartó del camino al caer la tarde para hacer un lecho de pinaza y pasar la noche al raso, no lejos de las ordenadas viñas que, como soldaditos, esperaban en posición de firmes la orden de su general para avanzar.

A la mañana siguiente el sujeto fue despertado por el relente de la noche, por el cosquilleo incordiante de la humedad, por la luz incipiente del día y por el trino de los pájaros. Se puso en marcha.

Al tercer día ya sabía que el Expreso de Oriente nunca paró en su vida. Y siguió caminando. Contento.

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2 Respuestas a “El expreso de Oriente nunca paró aquí

  1. Cada línia una exquisida metàfora… De gran vull escriure com tu.

    (Una abraçada)

  2. A mi també m’encanta, la veritat, tant pel lirisme com pel fet que, a nivell de composició, no li cal res més. És un format petit (un microconte?) però perfectament rodó, com els que jo de vegades intento fer però sense arribar a aquest nivell. Jo també voldria escriure com tu…
    M’ha fet gràcia la referència a los coños “sabrosos y mofletudos”. És clar que aquí has estat més fí i n’has dit “sexos”, però la figa no hi podia faltar. 😀

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