The bar is open

Cuando son las siete y veinte, cuando las siete y media de la tarde se acercan, se acercan también las ocho, y seguirán luego las nueve. Ocho de la tarde frente al mar. Miro el paisaje desde la atalaya. Cierro el libro, cierro el ordenador. Me embriago con un suspiro de la luz rasante, el modulado dorado del sol que se despide.

The bar is open, me digo, con la sonrisa esquinazada de marino jubilado que ni soy ni seré jamás. The bar is open y la sed incipiente. Llevo a la cocina la botella de vodka. Me sirvo un largo vaso de zumo de tomate. Añado sal y pimienta. Unas gotas de salsa de Worcester. Un chorro de vodka. Dos o tres cubitos de hielo. Stirred, not shaked.

Devuelvo la botella de vodka al mueble bar. Saco el vaso a la terraza. Lío con morosidad y buen hacer un pitillo de vainilla. Lo enciendo.

“Allí entre los cerros tuve amigos / que entre bombas de humo eran hermanos. /Allí yo tuve más de cuatro cosas / que siempre he deseado…” canta Pablo Milanés. Pero podría ser la voz de algas de Mark Knopfler diciendo “All these mist covered mountains / are a home now for me…”

The bar is open. Me acuerdo de aquellos muchachos que se fueron a enrolar en la guerra a la que no fui, voluntarios catalanes luchando con los HVO croatas. Hace pocos días vi en la calle Bailén, en una tienda de militaria, una bandera de ellos. Existirá una hermandad de mercenarios catalanes, supongo. Se reunirán de vez en cuando y recordarán hazañas bélicas, noches de frío, licores que nunca más volvieron a probar, miedos que jamas olvidarán y nunca admitirán. La guerra a la que no fui. Tomé la decisión en una madrugada de verano, en el Bar Glaciar de la plaça Reial. Recuerdo la luz naranja, los giróscopos azules de la guardia urbana, destellos deslumbrantes del porvenir. Me quedé, no fui con ellos. Opté. Escogí.

The bar is open. Bebo un trago de bloody mary. Me gusta. Me siento solo, pero ya a esta condición estoy acostumbrado. Como a la condición de nómada, de SDF, que bebo a tragos lentos mientras me demoro viendo la luz del atardecer, mientras recuerdo placeres, mujeres con quien estuve, besos que di, besos que me dieron y desperdicié.

Sobre la mesa reposan libretas y papeles, lápices, la pluma. El ordenador apagado.

La verdad de las ficciones. No sabemos nada. Nunca. Nada. Bebo un poco más. Si me preguntan un día, contesto; al día siguiente todo puede ser diferente. Y un diecisiete de diciembre no es un dieciocho de diciembre. Todo ha basculado, todas las crujías de la vida as we know it se han vencido. Como no sabemos nada, mejor es inventarlo. La mujer que encima tuyo te hace gozar, que con sus habilidosos dedos engarza el placer en el tronco enhiesto de tu hombría, en cuestión de minutos puede decir que esto es una despedida. Y miras el mueble frente a la cama, y cuentas las cabecitas que se ven en los grabados que cuelgan de la pared mientras se desinfla la erección. El hombre que te dice amén va por las noches a misas luciferinas. El jefe que te halaga, mañana te dirá te vas porque lo piden las cuentas de resultados. No sabemos nada.

Nunca.

Solamente sabes (intuyes, sospechas) que, a veces, the bar is open. Y a veces hay amigos con quienes compartirlo. En la terraza de casa, en un suburbio, en un patio, en alta mar, en el Esteglal de Teherán (el antiguo Hilton), en un garito de Damasco, en un insalubre tienducho en un bazar de Almatý, un bareto de la calle Hileras, en un muelle de Palermo, un soportal de un pueblo perdido del camino de Santiago, un claustro en Borgoña, una ladera del Aran, un pueblo entre los viñedos bordeleses (entre Saint-Émilion y Graves). En verdes prados o cerros pelados que un día fueron campos de batalla (Paschendale, Verdun, Corbera d’Ebre, Maratón, el Merengue).

Entonces basta con tomar conciencia de la sed, saber que the bar is open, saber que no conviene perder las buenas costumbres. Y que, si es posible y está a mano, lo mejor es una ramita de apio para mover el bloody mary.

Bebo, pues, rememorando, mientras se pone el sol, mientras termino el vaso largo como el día. Melancólico. Precioso. Lento.

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4 Respuestas a “The bar is open

  1. Hermoso relato : mientras lo leo huelo el apio que mueve el bloody mary, me acuerdo de todos los lugares con ruidos de nostalgias y olores placenteros, saboreo el mar de los atardereceres y mucho mas…… Susana.

  2. ¿De nuevo solo? Lo cuentas tan bien que mi parte lectora se alegra, pero por otro lado lo lamento por ti. Parecías bastante feliz en los últimos tiempos.

  3. Siempre hay baretos abiertos para todo tipo de corazones. El de Hileras, sigue ahí. y Yo, siempre te ofreceré, el bareto de mi amistad.

  4. Mi reino por un cocktail!
    Muchas GRACIAS
    M

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