Breves apuntes gallináceos 2

Tiene un punto japónico el paisaje del Baix Montseny, cuando, por las mañanas, me acerco a él. Brumas y nieblas extienden el lienzo sin orla de su frío matizando grises en las laderas de la montaña. Los bosques carecen, a la vista, de perspectiva, carecen de matices, y se alzan en vertical, escalonando sus grises y sus perfiles en los jirones del cielo. El silencio es espeso, denso. No se mueven los árboles que crecen junto a la carretera, pero diríase que rascan el silencio los troncos y las ramas de los árboles; diríase, pero nada se oye, sino el zumbido del coche atravesando la leve boira matutina.

Las gallinas picotean sin cesar. Recorren la era baldía con los ojos abiertos, el cuello inquieto, el gesto pronto. A veces escarban con sus patas amarillas, desarraigan una mata y patean las raicillas y picotean entre los terruños. Una cochinilla, un pequeño tubérculo, una despensa de hormiguero que habrá quedado al descubierto, ahí se ponen a picotear. Barrillo, polvo, restos, suciedad, poca cosa; mas las gallinas de ahí algo sacan, algo aprovechan. Así ha de ser. Así hago.

Picoteo en la tierra campa de mis días, recorro sus márgenes, recorro sus trochas y giro sus esquinas con los ojos abiertos, con la mente abierta, la pluma pronta. Algo aprovecharé. Algún resto será de provecho.

El corral de Guillermo son una docena de gallinas y un gallo. Un par de ellas fueron comidas por los perros. La tunda que siguió enseñó a los perros a desinteresarse por esos desayunos que dejaban hatillos de plumas rubias en el herbazal. Y ahora las gallinas, cuando los perros holgazanean, no tienen miedo y vienen a picotear cerca de ellos. Así ha de ser: no hay que temer hurgar entre las fauces de quien te puede devorar. Así he de hacer.

La gallina es animal rastrero. Ciñe y cierrra su perspectiva al alcance de su cuello, lo que exista más allá poco le importa. No mira el abanico de Montserrat que se puede admirar desde la era de Guillermo. Tampoco vería el grabado japonés que yo veo a veces, cuando por las mañanas me acerco al Baix Montseny y me enamoro otro vez de aquellos bosques que recorrí, que olí de cerca, que pateé arriba y abajo, de las nieblas en las que no supe perderme entonces, cuando ahí habité.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s